Reconciliación o confrontación
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Reconciliación o confrontación

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Reconciliación o confrontación

02/07/2018
Actualización 02/07/2018 - 12:42

Voté a favor de Ricardo Anaya para presidente de la República y en contra de Andrés Manuel López Obrador. A la hora que escribo el presente artículo desconozco el resultado de la votación.

Escribí a lo largo de la campaña no pocos artículos en contra de López Obrador. Investigué, ofrecí datos, reflexioné. Lo hice convencido de que representaba la peor de las opciones para México, consciente de lo que los otros candidatos y sus partidos representaban. Lo hice de buena fe en pleno ejercicio de mi derecho democrático de opinar.

Sea cual sea el resultado, el estado de cosas necesariamente tiene que cambiar. Me preocupa sobre todo el problema de la seguridad y la violencia. Ninguna de las propuestas de los candidatos me convenció. Ni la propuesta de López Obrador de convocar una consulta internacional que incluya al Papa, ni las mutilaciones de El Bronco. El principal problema de México (que en el actual siglo ha dejado más de 300 mil víctimas) no parece que vaya a solucionarse pronto. No se solucionará despertándose todos los días temprano para reunirse con el gabinete de seguridad, ni tampoco capacitando a policías nuevos que sustituyan a los elementos viciados. Hace algunos años, en el momento de la mayor violencia durante la presidencia de Calderón, la UNAM organizó un vasto y muy interesante coloquio para intentar ofrecer respuestas al problema. Tanto Calderón como Peña ignoraron las recomendaciones de los expertos. Espero que el próximo presidente, sea quien sea, recupere las conclusiones de esa reunión, que ha sido el mayor esfuerzo que se ha hecho en México para comprender y ofrecer propuestas para terminar con la violencia.

México es un país plural y diverso. Confío en que esa pluralidad se acreciente, pese a las voces que hoy piden uniformidad. Cada uno de los graves problemas del país debe verse desde esa diversidad. Un ejemplo entre muchos. ¿Existe la libertad de expresión en México? Unos dicen que no, a la luz del más del centenar de comunicadores asesinados y de los atentados físicos en contra de algunos diarios. Por el contrario, otros afirman que nunca habíamos vivido una época en donde los medios electrónicos y los tradicionales ejercieran tan libremente su derecho a expresarse. ¿Gozamos o no de libertad de expresión? Sí y no. En general sí, pero en ciertas zonas no. Esa es la dificultad de intentar explicar a México a través de una sola lente.

El sistema político mexicano (en donde el presidente era el eje indiscutido de un gigantesco mecanismo social) pareció llegar a su fin en 1997, cuando el PRI perdió por primera vez el control de la Cámara de Diputados. Desde entonces el poder presidencial fue disminuyendo. La sociedad civil fue ganando terreno, pero también los grupos criminales se aprovecharon de los espacios que el poder gubernamental dejaba vacíos. La pluralidad política se hizo patente. Un ciudadano podía ser gobernado por un presidente, un gobernador y un presidente municipal, cada uno de diversos partidos. Dependiendo de los resultados de la elección, hoy está en riesgo esa pluralidad. A través de los medios, López Obrador y sus partidarios han estado llamando a conformar de vuelta el 'carro completo' del PRI. Si lo consiguen y logra Morena mayoría en las cámaras entraremos de lleno en la posibilidad de la reconstitución del viejo sistema político mexicano. Es uno de los riesgos de la democracia: no garantiza el avance social, en ocasiones las mayorías deciden volver a ponerse el grillete que las tenía sujetas.

La historia no tiene un guion predeterminado. La historia la construimos nosotros. Ignoro por tanto si México haya elegido un partido (el PRI), una coalición (el Frente) o un movimiento (Morena). No sé si haya optado por un joven ambicioso, por un preparado burócrata o por alguien que se ha autoproclamado transformador de México a la altura de los héroes patrios. Tampoco sé si nuestro país, transcurrida la elección y anunciados sus resultados, vaya a caminar la senda de la reconciliación o se vaya a precipitar por el despeñadero de la confrontación. Hago votos porque ocurra lo primero.

Independientemente de quién triunfe en la elección, todos debemos colaborar para que el país salga adelante. Debemos encontrar el camino para acabar con la pobreza extrema, la forma de disminuir drásticamente la violencia, elevar la calidad de la educación, alentar la participación democrática y acabar con la corrupción. Difícilmente podremos alcanzar estas metas con un país dividido.

Gane quien gane, los que nos dedicamos al periodismo (y dentro de éste a la crítica política) debemos refrendar nuestro compromiso con nuestra misión, que es la de informar y criticar. La crítica es indispensable en un país democrático, atempera al gobernante y vivifica la conversación pública. “Democracia sin libertad de crítica –escribió Octavio Paz– no es democracia”.

Nos merecemos sin duda un país mejor, más libre y más justo. Todos podemos ayudar a construirlo. Algunos con la pala y otros con la pluma. Tratemos, en primer lugar, de desterrar la intolerancia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.