Madero, no Maduro
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Madero, no Maduro

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Madero, no Maduro

04/06/2018

Ojalá todas las advertencias de sus críticos respecto a un ominoso futuro gobierno de López Obrador resulten equivocadas. Pero lo dudo.

Ojalá no busque alinearnos con lo que queda de la Revolución Bolivariana. Durante años se ha documentado el apoyo de Caracas al movimiento de López Obrador. Los altos cuadros de Morena han manifestado por el régimen de Maduro una abierta y entusiasta simpatía. López Obrador ha sostenido sobre el tema un eficaz silencio, no por no vulnerar los principios de no intervención sino, como lo dijo Yeidckol Polevnsky a Luis Hernández Navarro, por mera estrategia electoral. Ni una sola palabra se le ha podido arrancar al candidato sobre las violaciones a los derechos humanos ni respecto a la gravísima situación electoral de Venezuela. Todo hace suponer que algún tipo de alianza se establecerá con el eje La Habana-Caracas, tensando más la relación con Washington. Ojalá no ocurra de este modo confirmando lo que sus críticos señalamos. Pero lo dudo.

Ojalá no se cumplan los actuales pronósticos sobre la amenaza que se cierne sobre la libertad de expresión. Espero que, como en tiempos de Madero, la libertad de prensa sea irrestricta. Ya tuvimos un pésimo precedente en el caso de Ricardo Alemán. El retuit y mensaje de Alemán fue deleznable, pero no lo fue menos el clima de linchamiento que desató (que en parte tenía que ver con su mensaje, pero sobre todo con la férrea critica de Alemán a López Obrador de tiempo atrás y que ahora se la cobraron) y el despido fulminante de sus fuentes de trabajo. Fue un ejemplo de lo que puede ocurrir porque, si bien es cierto que Alemán cruzó la línea de lo “públicamente permitido”, esa línea podría ser inducida desde el poder. La tentación de usar este mecanismo de linchamiento/despido (es decir, de la censura disfrazada de condena moral) será grande desde un poder que se vislumbra rencoroso. Ojalá la libertad de expresión en medios sea total, que no se impongan restricciones al uso de las redes (como en China, como en Cuba), que no se propicien los linchamientos mediáticos desde el poder. Pero luego de revisar los múltiples insultos de López Obrador a la prensa durante la campaña, lo dudo.

Ojalá se anteponga la racionalidad y el consejo antes que el voluntarismo y la ocurrencia. Confío que el estilo personal de gobernar de López Obrador, para decirlo con Cosío Villegas, no sea del tipo de los que toman sus decisiones a partir de lo deseable y no basado en evidencias. A esto se le conoce como voluntarismo. Cuestionado por Ciro Gómez Leyva respecto a qué va a hacer frente a los huachicoleros, López Obrador respondió: “El presidente de México ni lo funcionarios de Pemex ya no van a robar”. Insiste Ciro: “Si llegas a decirles que es la injusticia y es la pobreza, a ustedes también los van a recibir a balazos”. “No –revira López Obrador–, vamos a convocar a un acuerdo por la honestidad. Esto va a cambiar. Si el presidente es honesto los gobernadores van a ser honestos”. (Se puede ver en YouTube, AMLO en entrevista con CGL). La frase no tiene desperdicio. No es, además, algo aislado. La misma declaración la ha hecho decenas de veces en sus concentraciones. En verdad lo cree. Por eso su desdén por las instituciones anticorrupción y de transparencia. Basta con que haga él algo para que el mundo se transforme. Ya vimos que esto no ocurrió durante su gobierno en el DF, para qué repetir lo de los fajos de billetes y las ligas. Todos lo vimos, menos él, pues al parecer sigue pensando: si no robo, nadie roba; si reciben a la policía a balazos en una población, les propondremos un acuerdo por la honestidad… Ojalá no le dé por gobernar con ocurrencias (porque es un hombre que bajo ninguna circunstancia da marcha atrás) sino que escuche consejos y ceda a las evidencias, aunque lo dudo.

Ojalá que no termine con la democracia que los mexicanos hemos construido en los últimos treinta años. Ojalá no vuelva a armar las piezas del sistema corporativista y clientelar que caracterizó al PRI. Ojalá no recurra al nacionalismo defensivo que nos cierre al mundo. Ojalá deponga su aversión al dinero porque este también representa inversiones y es generador de riqueza. Ojalá que el amor y la vocación de justicia no termine por aplastar las libertades conquistadas. Ojalá no sea un gobierno conservador como se deja ver, sino tolerante con las minorías. Ojalá no regrese “la economía a Los Pinos”. Ojalá desarticule ese culto a la personalidad parareligiosa que no hace bien a la vida pública. Ojalá no vuelva a inflar el monigote del presidencialismo omnipresente. Ojalá democratice la sociedad y no como desde ahora desconfíe de la sociedad civil. Ojalá se establezca un diálogo con la sociedad, con los opositores y disidentes, respetuoso en primer lugar de que ser opositores a su proyecto no los convierte en miembros de una mafia. Ojalá su modelo sea en verdad Suecia y no Venezuela; la democracia y no la igualdad; Madero y no Maduro.

Pero lo dudo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.