La moneda está en el aire
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La moneda está en el aire

14/05/2018

Faltan 49 días para las elecciones. El candidato puntero dice que “este arroz ya se coció”. Pero la afirmación es tan falsa como la encuesta que López Obrador presentó hace unos días y que obligó a Buendía & Laredo a desmentirlo.

Se trata –autodeclararse vencedor anticipadamente– de una vieja estrategia. En otras elecciones decía de sí mismo que era indestructible y perdió. Como candidato ha contendido en seis elecciones, perdido en cuatro, ganado una sola, y la actual está en el aire. Conoce a fondo la experiencia de la derrota.

Me recuerda, toda proporción guardada, a François Mitterrand, que tuvo que contender varias veces antes de alcanzar la victoria. Mitterrand también decía que él no luchaba por el puesto, sino por la transformación de Francia. Eso sí, jamás tuvo la vulgar ocurrencia de afirmar que él no era “un vulgar político”. Recuerdo otro episodio en la trayectoria de Mitterrand. Era tal su hambre de poder que organizó un atentado contra sí mismo para elevar, quedando como víctima, la estimación popular. Ocurrió en octubre de 1959 y se le conoce como “el atentado del Observatorio”. El automóvil Peugeot en el que viajaba fue alcanzado por siete balazos por un “enigmático asesino”. Poco después se supo que todo había sido una farsa montada por el propio Mitterrand. Con este ejemplo quiero señalar que un candidato, con tal de ganar, puede llegar a extremos insospechados.

Digamos que este arroz todavía está a medio cocer. Aún faltan dos debates oficiales y otro más convocado por organizaciones de la sociedad civil. El primer debate claramente lo perdió López Obrador, aunque sus huestes movieron cielo y tierra en las redes para tratar de modificar esa impresión. Como resultado, los datos de las encuestas comenzaron a moverse y a cambiar. La franca ventaja del postulante de Morena disminuyó a un dígito. A pesar de tener una amplia experiencia como candidato eterno, López Obrador empezó a sentir la presión y ha comenzado a cometer graves errores.

Los críticos y estudiosos de su trayectoria política señalan que, más que ser derrotado por sus adversarios, lo vence su peor enemigo, que es él mismo. Así, tras el descalabro del primer debate, se enzarzó en una polémica a todas luces necia con el sector empresarial, que le ganó una fuerte llamada de atención del gremio y culminó con un desplegado (“Así no”) suscrito por decenas de organizaciones empresariales. Con un tono inusual, le formularon: “Condenamos que un candidato a la Presidencia de la República recurra a ataques personales y a descalificaciones infundadas. Es preocupante que alguien que aspira a ser presidente de México denoste a quienes no comparten sus ideas”. La respuesta de López Obrador lo pinta de cuerpo entero: “No quieren dejar de robar”.

Faltan tres debates (el convocado por las organizaciones de la sociedad civil se llevará a cabo faltando casi una semana para la elección). Nuevas derrotas de López Obrador podrían impactar fuertemente en el electorado. Una encuesta reciente señala que casi el 70 por ciento de los que hoy afirman que van a votar por López Obrador pueden modificar el sentido de su voto. Sólo el 30 por ciento de sus votantes es voto duro, incondicional.

Cuarenta y nueve días son muchos y pueden pasar muchas cosas. Se pueden cometer muchos errores. Como la incorporación de Manuel Espino a las filas de Morena. Hace varios meses las organizaciones de la sociedad civil y la comunidad LGBTTTIQ habían ya resentido la alianza que López Obrador impuso a Morena con el Partido Encuentro Social, cuya plataforma propone revertir varios de los avances que esa comunidad ha alcanzado en el reconocimiento de sus derechos. Mal que bien, los seguidores de López Obrador tuvieron que tragarse ese sapo. El reciente nombramiento de Espino como “coordinador de organizaciones sociales y civiles” fue una nueva bofetada, absolutamente innecesaria, para esos movimientos.

Encuestas recientes sitúan a Ricardo Anaya a tiro de piedra de López Obrador. Sus seguidores las rechazan airados. Sólo aceptan aquellas que le dan amplia ventaja. Han aprendido de su líder quien, ante cualquier dato adverso, señala que “él tiene otros datos”.

El aspirante de Morena mostró demasiado pronto sus cartas. Presentó el Proyecto de Nación que encargó al ultraconservador multimillonario Alfonso Romo y poco después anunció su hipotético gabinete. Proyecto y gabinete se han ido desgastando en la opinión pública. Ya no aportan puntos. Ricardo Anaya en las próximas semanas anunciará su gabinete (lo dijo en el programa “Tercer Grado”). Si los nombramientos son acertados cosechará, a unos días de la elección, puntos adicionales. El tiempo, en este caso, juega a favor de Anaya.

Es falso que “este arroz ya se coció”. Está a medio hacerse. La moneda sigue en el aire.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.