La corrupción de la democracia
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La corrupción de la democracia

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La corrupción de la democracia

05/11/2018
Actualización 05/11/2018 - 13:37

En 2001 hizo una consulta en contra del horario de verano. Ahora López Obrador organizó una consulta a modo para oponerse al nuevo aeropuerto en Texcoco. La siguiente que viene irá contra la reforma energética y luego contra lo que quede de la reforma educativa. Para empezar.

El procedimiento ya lo conocemos. El caudillo toma posición –más visceral que racional– respecto a un tema, hace campaña contra él por todos los medios a su alcance (la repetición machacona, el eslogan pegajoso, las medias verdades y las mentiras llanas), pone a su equipo y a sus redes a repetir sus “razones” (desde el posgraduado que ahora echa maromas hasta el troll de las redes que repite el estribillo frijol sin gorgojo, no lo tiene ni Obama, me canso ganso, fifís...), y finalmente remata con una consulta amañada y con resultados al gusto.

“Las siguientes consultas ciudadanas se harán conforme a la ley”, dice Mario Delgado, coordinador de los diputados de Morena en el Congreso. Más allá del tácito reconocimiento, sobre todo viniendo de alguien que hace leyes, de que la consulta sobre el destino del nuevo aeropuerto no se hizo “conforme a la ley”, lo que quizá nos espera es una nueva ley sobre consultas ciudadanas redactada para favorecer a los organizadores; es decir, sorpresa: al gobierno que viene.

En teoría no está mal consultar a la sociedad. Pero no se gobierna con teoría sino con actos crudos. Habían prometido acompañar la consulta del aeropuerto con una encuesta. No la hicieron. Para qué si seis encuestas previas habían arrojado que la gente se inclinaba por continuar Texcoco. Nunca se trató de que la sociedad opinara. Eso sólo lo pueden sostener los partidarios del caudillo. Sin venda en los ojos era difícil no darse cuenta del asalto a través de las urnas. Lo padecimos durante décadas: elecciones fraudulentas, resultados predeterminados, votos para justificar el capricho del caudillo en turno. Antes a manos del PRI y ahora de Morena. Parece que no aprendimos nada: del fraude electoral priista a la consulta amañada morenista. La corrupción de la democracia. ¿Qué horas son? ¡Organizamos una consulta a modo para que sea la hora que usted quiera, señor presidente!

No todo fue negativo. Hubo debate previo. Leí más sobre aeropuertos y lagos de la Ciudad de México que nunca en mi vida. Escuché muchos programas de radio, vi algunos programas de televisión, seguí largos hilos en Twitter y discusiones feroces en Facebook. La democracia se cimienta en el disenso. Es el reino del conflicto permanente, de tensión entre sus muy diversos actores, con mecanismos para dirimir las diferencias. Ese ambiente de discusión y polémica es muy saludable para la República, pese a sus tonos exaltados.

Durante semanas asistimos a un espectáculo racional de ideas y propuestas, donde se manifestaron ecologistas, geólogos, economistas, politólogos, expertos en aeronáutica, en convivencia plena y también democrática, con los memes y los memos, la sandez y la ideología más plana, el lugar común y la ignorancia. No sé si en las próximas consultas se reproduzca este ambiente, que me parece indispensable para la vida democrática. En las últimas semanas lo que vimos aparecer desde las filas del nuevo oficialismo fue un discurso polarizante: el aeropuerto de los ricos malos versus el lago imaginario del pueblo sabio y bueno.

Desde el poder, desde la razón populista, esa polarización es positiva porque identifica al gobierno con la sociedad, a través de una ética maniquea basada en la noción de “el pueblo soy yo”.

¿De qué servirá ese rico pluralismo expresado en el debate y la polémica, si finalmente todas las consultas terminarán dándole la razón al caudillo?

La discusión razonada, las consultas, pueden ser formidables instrumentos de la democracia. Consultas realizadas, ahora sí, conforme a la ley. Ahora mismo el Congreso tiene en sus manos reformas a la ley de consultas. Revisar esas reformas es de la mayor importancia porque las consultas pueden convertirse (gracias al servilismo de la bancada de Morena) en el nuevo mecanismo legitimador de las ocurrencias del caudillo.

Un gobierno que propicia el debate y consulta a sus ciudadanos es un gobierno democrático. Un gobierno que legitima sus decisiones mediante la manipulación de consultas es un gobierno autoritario. Estamos en el arranque. Puede ser lo uno o lo otro. La primera muestra fue un desastre. Una mancha. Reafirmaron su vocación priista. Ese no es el camino.

Solicitemos que la consulta se vuelva a hacer cumpliendo las reglas de la nueva ley. Que la consulta se haga, simple y sencillamente, conforme a la ley. ¿Por qué no se puede? Mandaría un poderoso mensaje hacia el exterior: México quiere avanzar en la construcción de la democracia, no se trata de una nueva variante autoritaria.

Organicémonos democráticamente. Vamos por unas consultas limpias y legales precedidas de debates fuertes y honestos. El pueblo no eres tú. El pueblo somos todos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.