Taxco: la hora de la verdad
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Taxco: la hora de la verdad

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Taxco: la hora de la verdad

04/10/2017
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SISMO
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Para Tibi Leof, de infatigable memoria*

Uno. Como taxqueño de adopción, celebro que el Presidente de la República encontrara espacio en una agenda por fuerza demandante, para apersonarse en el Real de Minas. Los daños severos ocasionados el martes 19 en la iglesia de Santa Prisca, que visitó con diligencia, ocuparon especial atención. Junto al panorama del paulatino retorno escolar, en una infraestructura devastada, y el de la devastada infraestructura cultural (patrimonial) del país.

Dos. Santa Prisca, se comprometió Peña Nieto, será restaurada. ¿Pero eso es todo?

Tres. No tengo noticia de la atención prestada, a su vez, por las autoridades estatales y municipales, por la población taxqueña, a la otra calamidad, que no un día específico, de daños y dolor y luto, sino de manera cotidiana, roe a Santa Prisca y a su entorno.

Cuatro. La contaminación automotriz y sus ácidos efluvios, la contaminación sónica, el desorden turístico (el turismo que resta después de esas edades gloriosas de turismo internacional y de celebridades de las artes y de la industria cinematográfica).

Cinco. Calamidad obra no de Natura, en una zona de por sí telúrica, sino de la falta de planeación, incuria de las autoridades municipales, desdén de los habitantes.

Seis. Contra los usos y costumbres de ciudades históricas del planeta, y de México mismo (Oaxaca, Zacatecas), Taxco se ha negado sistemáticamente a instaurar su Centro Peatonal. No hablo de Patrimonio de la Humanidad, y sus exigencias reglamentarias para autorizarse, a la luz del deterioro de los alrededores del templo prodigio barroco. Ni siquiera de Centro Histórico.

Siete. Hablo simple y llanamente (y prácticamente) de un Centro Peatonal.

Ocho. Añosa (¿ya chole?) es su propuesta por un grupo de historiadores, arquitectos, urbanistas, patrimonialistas, fotógrafos, pobladores conscientes, que no han cesado en su empeño; por una amplia encuesta, diseñada con todas las de la ley, para atender el reclamo justo de la participación ciudadana; incluso por un libro colectivo que tuve el privilegio de coordinar (Taxco. La perspectiva urbana, UNAM, dos ediciones).

Nueve. Empeño, hasta el día de hoy, en vano. Priman los intereses gremiales que, sin dar sustantivamente nada a cambio, explotan los recursos turísticos del Real de Minas, negándose a la modernización de los servicios todos (restauranteros, hoteleros, de esparcimiento, de orientación histórica).

Diez. Pero pareciera que, en efecto, Taxco genera más belleza de la que puede digerir su población.

Once. Obra pía sería que, sin desdoro de otras urgencias (parece que las mágicas Grutas de Cacahuamilpa, sufrieron también fracturas a causa del sismo del 19), como fruto de la oportuna visita presidencial se retomara el añoso proyecto del Centro Peatonal de Taxco.

Doce. Así sea su posibilidad B, espacio que se dilata entre las plazuelas de Bernal y de San Juan, comprendiendo la Calle de la Muerte, la parte posterior de Santa Prisca, desde luego la Calle del Arco (peatonal tiempo ha) sobre la que llovió cantera, y la Plazuela de los Gallos. Voluntad política, florecimiento comunal.

Trece. Que entre los apremios numerosos de reconstrucción e inversión de dineros para poner en pie (aunque siempre con la música por dentro) al Estado Mártir de Guerrero, el de la noche nazi en Iguala y Cocula, el gobernador Héctor Astudillo de lugar en su agenda, al plan por el que Taxco de Alarcón vuelva a las andadas.

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.