¿Es esto un informe?
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¿Es esto un informe?

07/09/2018

Uno. De catastrófica debe tildarse la derrota electoral del PRI (antes PRM, y antes de antes PNR). El PRI, nuestro “Politiburó” vernáculo, nuestro Partido de Estado, sexenio tras sexenio, hasta el año 2000. Pero esta caída de 2018 ronda en la extinción.

Dos. Ya la aguzada sociología, pondrá en claro en qué medida algunas de sus bases (y dirigentes), inconformes ante el “destape” de un Sin-Partido (aunque colaborador de gobiernos panistas y priistas), votó por MORENA. Partido apenas cuatriañero que, ¡oh paradoja!, postuló a un ex priista (y ex perredista), para la Primera Magistratura.

Tres. Así, “Primera Magistratura”, llamábase la investidura presidencial, gozando de un halo casi mítico, casi místico. Halo que empieza a borrarse con Luis Echeverría (1970-1976) y termina por mudarse “Insuficiencia presidencial”.

Cuatro. ¡Ay de los finales desastrosos de López Portillo, de Miguel de Lamadrid, de Carlos Salinas, de Ernesto Zedillo, de Vicente Fox, de Calderón!

Cinco. Y llega, inexorable, el último Informe de Enrique Peña Nieto. Diligencia que, por cierto, no encuentro expresamente indicada en el Capítulo III, “Del Poder Ejecutivo”, de la Carta Magna que (teóricamente) nos rige.

Seis. Debo confesar que su anticipada y abrumadora publicidad, en los medios electrónicos e impresos, me suma en hondas contradicciones: perplejidad, protesta, enojo. Por un lado, nos asesta un “Informe Jauja”; por otro, llevando agua a su molino, intenta establecer una continuidad entre el régimen saliente y el régimen entrante, pasando por el Pacto por México (¿y si es así?)

Siete. ¿Acaso no descansó la victoria de MORENA en las urnas, verdadero vapuleo, en el hartazgo social frente a la mixtura de corrupción, impunidad, violencia, saqueo de la Res Pública, arrogancia, cinismo, indiferencia e ineptitud gubernamentales?

Ocho. ¿No permanecen abiertos los expediente “Casa Blanca” (me temo que la enrevesada justificación de EPN equivoca la instancia, judicial antes que de opinión pública), Tlatlaya, Ayotzinapa (mismo comentario, pero relativo al Tribunal de la Historia), y la obligada compañía del entonces gobernador de Guerrero), Estafa Maestra, PEMEX? ¿No ha terminado el Estado por replegarse ante el avance de la Delincuencia Organizada?

Nueve. ¿No, de las “Reformas Estructurales” que tanto se cacarean, la Educativa se cancela y la Energética puede cancelarse, en tanto que al nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, no menos motivo de ufanía oficial, le nace otro (que para colmo se decidirá Vox Populi, tan manipulable, tan clientelar)?

Diez. Ante tal irrealidad desatada, por ejemplo, aquello de la transformación luminosa no sólo del país sino de su capital; ante tal gasto publicitario falto de uno de los ingredientes de la publicidad, la inteligencia; me saltan no pocas inquietudes. Me limitó a dos.

Once. ¿No fue suficiente la tempestad propagandista de la idiota “espotización” electoral, frente a audiencias rehenes, indefensas? ¿Esa ausencia de ideas sociales, de ideología, suplidas por verborrea y tonadillas inmundas?

Doce. ¿El protagonismo asignado al presidente saliente, incluido el “jingle” de que “Lo bueno siga contando”, anuncia una ex presidencia de locutor o animador en algún canal de Televisa, para los malpensados, su verdadera cuna?

Trece. Me entero que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, sale al paso de los delitos de orden ambiental: polución, basura, detritus.

Catorce. Dada la impunidad de los “spots” electorales, a los que se suman los fantasiosos alrededor del último Informe, ¿no debería la CNDH añadir, a la protección ambiental, la mental? La de la lógica, el principio de realidad, la cordura, la veracidad.

Quince. De pensarse.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.