Divertimento navideño
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Divertimento navideño

22/12/2017
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Marichuy
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Se lo planteo a usted, compadrito, no sólo porque merece todas mis confianzas, sino por otra razón. A ver, explíquese el caso del escritor Juan Villoro que, por un lado, le presta la voz a Disney para la versión española de Coco, gran filme, lo que empero no le quita a don Walt lo imperialista (y del peor Imperialismo, el de la Conciencia), y por otro escribe para Proceso, revista anti-imperialista si las hay, la crónica del recorrido por los Caracoles de la candidata presidencial indígena e independiente, Marichuy Patricio, en obvia procura de las 800 mil y pico firmas que le exige el INE (crónica que, no sé por qué, me recordó un poco a la película de marras). Si es que Marichuy aspira montar “La Silla” después de las elecciones de 2018; elecciones, le juro, que más vale que Dios nos agarre confesados. A ver, compadrito, explíquese semejante oxímoron. Y ahí no para todo. ¿Quién se figura usted que también la presta, vaya la voz, a Disney? ¡Pues Elena Poniatowska, la “Abue” putativa de las patrias letras tal y como están las cosas! ¡La misma autora de las hagiografías de Demetrio Vallejo y del “Peje”!

Lo de la “otra razón” es que intuyo a ciencia cierta que a usted le ganará el asunto de hacerse escritor, su viejo gusanito, ahora que ya se resolvió a su favor lo de la herencia de su señor padre, don Elpidio, fundador que en paz descanse del Despacho Contable al que usted ha dedicado sus mejores años. Piénseselo dos y tres veces. ¿Por qué no Diputado y luego Senador? Piénselo, piénselo.

Lo de la escribidera ya no es como era antes. No basta coger la pluma y soltar la imaginación. ¡Qué va! Hay que hacerla de standupero, colaborar sesudo en “los medios”, doblar películas y hasta tomarle la estafeta a aquel sub-sub de triste memoria, Subcomandante y Subpoeta. Si quiere que de sus libros de cuentos (sé, sé, usted mismo me lo ha insinuado, que tiene cientos escondidos en los legajos contables), se hable maravillas, tendrá que adherirse a alguna de las facciones que en Guerra Sucia Cultural le nacieron al pos68. Y, para publicarlos, ¡le adelanto no uno sino tres Via Crucis y más de Tres Caídas¡ Le cuento lo que le pasó, él mismo lo refiere, al autor del libro Navaja, la neta filoso. El FCE se negó a reeditarlo pese a que cumplía la friolera de 25 años de tensar la prosa mexicana, y no sólo eso, el funcionario que le participó la mala nueva, le aconsejó, fuera de la bacinica, ¡rehacerlo! Y ahí no para la cosa. Por los 80’s, otra editorial, alternativa, entonces prestigiada, hizo lo mismo con el peregrino argumento de que tamaña diversión con los géneros y el lenguaje, cabían en un escritor de edad ya más allá del bien y el mal, y no en uno todavía jovenazo como era el autor entonces.

Me meto en lo que no me importa, compadrito, porque sí me importa. ¿No es su vida tranquila? Su ex no lo tortura con quítame allá esas pajas, sus tres hijos crecen sin darle la lata, a lo mejor un poco la chica que quiere ser actriz de telenovela en Televisa (inquietud que se le va a recrudecer si le pone usted el ejemplo de los Quince Minutos de Fama, aparece en los suplementos y a lo mejor se gana el Premio a la Pluma Tardía que le puedo jurar se está cocinando ya en alguna oficina de la burocracia cultural).

¿Se imagina que vida va ser esa de usted, si acaba en los cuernos de la luna? Publicar a porrillo sin necesariamente escribir, como lo ha pasado a muchos. Presentar en la Ciudad de México (¡qué CDMX ni qué rábanos!), sí, pero en cuanto lugar de la República en el que a la Primera Dama le dé por montar Ferias de Libros, libros que usted compadre ni siquiera leyó de cabo a rabo o peor aún le parecen sandios pero que deberá elogiar o lo expulsarán de la cancha. Lisonjear, escoja usted, a gargantones culturales de Izquierda o Derecha. Dejarse entrevistar con asuntos de los que usted, compadre, y no lo tome a mal, no conoce un jeme; que el nacionalismo racista y cursi culé, que Ayotzinapa, que “Skinhead” Anaya (el Anaya del PAN), que la corrupción en Pemex, que la última aportación sociológica de Peña Nieto (el bullying a las instituciones, por ejemplo), que el laberinto del sistema anticorrupción, que el bajón sin red de protección del equipo PUMA, que Trump, que el imperialismo neo maoísta chino, que los “Tapados”, que las joyas de la cocina tamaulipeca, que esto y lo otro y lo de más allá. ¡Uf, qué clase de vida compadrito, tanto maldito sacrificio por mantenerse en el candelero!

Créame, siga usted por la ruta que le trazó el sensato Destino. Amplié el despacho, métase a una ONG ambientalista, agárrela contra las corridas de toros, hágase rescatista, goce compadre a sus nietos cuando vengan; es más, si le atraen los reflectores como me estoy temiendo (¡qué guardadito se lo tenía!), hágase promotor de la carrera lacrimógena de su hija (y apúrese, que Televisa al paso que va, uno de estos días quiebra). Todo menos, ¡a su edad!, hacerse escritor en esta hora de una literatura sin escritores, de editoriales sin editores, de cuates, compromisos, elogios mutuos con calificativos sobrecogedores (“Escritor estadista”, “Rey del microrelato”, “Poetiza Conciencia de la Raza”). Mis mejores deseos esta Navidad, para usted y familia, dilecto compadrito. Mejor siga peleándose con Hacienda.Por lo menos ya conoce el paño. Suyo.

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