Divagación con jiribilla
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Divagación con jiribilla

25/05/2018

Uno. Tendemos a las historias de fracasos, derrumbes, mala suerte y mala muerte. Más ídolos cuando ídolos caídos.

Dos. Quizá las claves explicativas de esta propensión se hallen en la “Filosofía de lo Mexicano” que tanto desveló a nuestra intelectualidad, allá por los 50’s del pasado siglo (si es que, en lo esencial, ya pasó).

Tres. Y, para colmo, nos ocupa la alborotada gallera electoral. Aunque, la verdad sea dicha, mucho ruido (de hecho, pura escandalera) y pocas nueces (mejor dicho, hasta ahora, ninguna nuez).

Cuatro. Quizá convenga cambiar de sintonía y, como contraste, asomarnos a historias de triunfos, metas logradas. Y si femeninas, mejor aún, sobre todo en medio de esta ola al parecer imparable de feminicidios que tan mal hablan de nuestro sistema de justicia, sí, pero asimismo de la psicología masculina, “macha” si se prefiere.

Cinco. Futbolista (sóquer) que fui en la teoría y en los hechos, acudo gustoso al caso de Karla Espinoza, 38 años, sinaloense, comunicóloga del TEC de Monterrey, jugadora de sofbol, periodista, recién contratada como “caza talentos” por un equipo de beisbol de las Grandes Ligas.

Seis. No todo es hacerla en Hollywood por la puerta de servicio, o en el mercado de la mano de obra (histriónica) barata.

Siete. La del “scouting” es tarea esencial en el deporte profesional, que vive no sólo de contrataciones espectaculares maduras sino de la formación de cuadros infantiles si es el caso, juveniles desde luego.

Ocho. Piénsese, tornando al futbol, en el significado que cobró para ciertos equipos la “cantera”. Bueno, no sólo para el fut. Tiempo hubo que la política, más allá de las visiones y ambiciones, se aprendía desde abajo.

Nueve. Toda una especialidad la del “scout”, memoria, intuición, experiencia, sapiencia. Recuerdo la película “La curva de la vida”, en la que un mítico entrenador de beisbol, ya de salida, forma como natural del oficio heredera a su hija.

Diez. Imagen, no estoy seguro si en parte mía, del pitcher que escucha el sonido de la pelota en el guante del cátcher al segundos antes del momento de lanzarla (o la del futbolista que, al momento de “disparar”, prefigura la perfecta colocación del balón en el marco rival, el dibujo y sonido de la red).

Once. Claro está, cuando nuestro balón pie era balón pie, materia de jugadores deportistas clavados (ofensivos o defensivos, o ambas cosas) y no de patrocinadores, dueños de equipos, representantes y, sí, sí, también, de “pin-ups” fuera de lugar.

Doce. Al reportero Marco Arellano, confía la flamante “scout” mexicana las cuestiones técnicas que hacen de un caza talentos un profesional. Masculino o femenino.

Trece. En el beisbol, observación y justiprecio de las acciones del brazo, la mecánica general, el bateo, los “swings”, las diferencias de pitcheo, etcétera.

Catorce. Ya en otro orden, me pregunté si tales condiciones (si naturales, mejor) no tendrían parangón en ciertas artes que combinan talento y esfuerzo físico, la literatura y la pintura a modo de ejemplo (dejo la danza a un experto).

Quince. Acciones del brazo, mecánica general, bateo, “swing”, diferencias de lanzamiento, en sentido figurado desde luego, pero no todo él, como evaluación (sí o no, qué tanto se va la vida) de bisoños aspirantes a la pluma o al lienzo.

Dieciséis. Congratulaciones, "scout" Karla Espinoza.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.