Corrupción comparada
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Corrupción comparada

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Corrupción comparada

01/06/2018

Uno. Hemos propugnado (en vano, si no qué chiste), por un Seminario Binacional México- España, permanente, que sirva mitad de centro de estudios históricos, mitad de observatorio del presente. Enrevesado.

Dos. Por igual, la “lectura” comparada de Conquista y Ocupación, de Metrópoli europea y Colonia ultramarina, de búsquedas republicanas, de Historia Intelectual (qué ganas le tengo a los nexos entre el Ateneo de la Juventud, de aquí, y las generaciones de 1898 y 1914 y aún de 1927, de allá), que los ingentes asuntos de la actualidad.

Tres. La corrupción, por ejemplo, en México y en España.

Cuatro. El 24 de mayo de este 2018 que corre a toda prisa, la Audiencia Nacional española puso fin al “affaire Gürtel” (gürtel, correa, en alemán), entramado de desmelenada corrupción empresarial-político.

Cinco. 51 años de prisión al empresario Francisco Correa; 33 años de prisión a Luis Bárcenas, extesorero del Partido Popular (PP); y una multa de 245 mil euros al PP, en tanto persona jurídica. Los tres, empresario, político y partido político, al frente de una lista de 39 acusados, de los que se sentencian 29. Titipuchal.

Seis. La mancha de corrupción cubre al régimen belicoso de José María Aznar (1996-2004), pero se extiende al actual, también PP, de Mariano Rajoy.

Siete. Como si Rajoy no tuviera bastante con el nacionalismo catalán, en su peor versión, aviesa y narcisista y “culé”, que lo trae a mal dormir (y gobernar), y las sorpresas que a lo mejor le depara la contrición etarra.

Ocho. Independientemente del curso que tomen las impugnaciones legales previsibles, la sentencia de la Audiencia Nacional resulta inimaginable en México, ante cualquier entramado político-empresarial semejante. O político a secas.

Nueve. ¿Qué pensará de lo ocurrido, en la otra orilla atlántica, nuestro comodín Secretario de la Función Pública? ¿Compara, saca las lecciones y moralejas del caso?

Diez. Tornando al inexistente (pero premioso) Seminario de Investigación México-España, podemos perfectamente aquilatar la sustancia del asunto, al someterlo a la disciplina del enfoque comparativo.

Once. Aunque sin sanción, no una sanción equiparable a la de la Audiencia Nacional Española, la aportación delincuente vernácula, política y empresarial, es de una riqueza me temo prodigiosa.

Doce. En la integración del expediente respectivo, veo participar a abogados, sociólogos, fiscalistas y expertos en etimología por los menos (o, de plano, filólogos y escritores).

Trece. Está la práctica legislativa de los “moches”. Está la sospecha fundada de complicidad al interior de PEMEX, para que el “piquete” al ducto prospere. Está la intervención de poblaciones (casi) completas, ya en el “huachicoleo”, ora en el descarrilamiento de trenes para el saqueo de la carga.

Catorce. Y, novedad, quizá empresarial y de complicidad pública, ahora se “huachicolea” el transporte ferroviario que transporta gasolina y disel desde Estados Unidos.

Quince. ¿Cuántas voces, amén de “desaparición”, “encobijada”, “pozoleada”, “levantón”, “ordeña”, y claro “huachicoleo”, etcétera, etcétera, voces de la violencia y la corrupción y la impunidad, habrá que clasificar y fijar? Más las que se acumulen de aquí al 1° de julio.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.