Cantada jugada maestra
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Cantada jugada maestra

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Cantada jugada maestra

08/12/2017
 
 

 

Meade
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Uno. Como tal tengo el destape de José Meade, político sin partido, por el PRI. Si bien se reestrenó el añoso ritual, en el que el propio monarca sexenal gesta a su sucesor, fina jugada malévola fue que el dedo destapador se inclinara –jugada largamente anunciada- por el secretario de Hacienda. A falta del delfín, uno de los suyos.

Dos. Toca ya fondo el fracaso estrepitoso, la pifia, el “negociazo”, del mexicano sistema de partidos (y partiditos). Hasta los intelectuales que han fungido de “intelectuales orgánicos” de la LOPPE de 1977 (sus secuelas) así lo reconocen. Faltos los partidos de “gallos” propios, la búsqueda de candidato a “La Grande” saltó a las casas vecinas, o privilegió las alianzas puramente coyunturales (así se adornen de la promesa de gobiernos de coalición).

Tres. El paso dado por el Tricolor, mata dos pájaros de una pedrada. Priva a MORENA de un fácil blanco: un priista, villano preferido (de ahí la irreflexiva, furiosa, reacción de poseedor de su franquicia). Y arrebata al Frente Ciudadano la bandera oportunista de la “ciudadanización”, al tiempo que pone al partido de mayor contingente, el PAN, en un brete.
Cuatro. ¿Qué brete? La elección, al emitirse el voto en 2018, entre un panista caciquil y en moda “skin head”, Ricardo Anaya, una panista réproba, Margarita Zavala, y un priista de última hora con una ejecutoria de colaborador en los dos gobiernos panistas (rudimentarios, es cierto, casi rústicos).

Cinco. Lo de las alianzas, admitámoslo, no propone estrictamente una novedad. Ahí está la del PRI y el Verde (se descarriló el PT). Y amenazan las nupcias, ideológicamente aberrantes, del PAN con el PRD. Si bien ya se abrió la grieta de la paternidad (¿ocurrencia de quién?) y, para seguir con las metáforas ferroviarias, no hay acuerdo sobre el derecho de vía.

Seis. Aunque, la neta, tampoco es nueva la “ciudadanización”, argucia del “sistema” para lavarse las manos y rehuir el cumplimiento de responsabilidades constitucionales. Comenzó con los órganos electorales, pasó por las ONG, siguió con los “Organismos autónomos” y remató con las candidaturas (disque) independientes.

Siete. La novedad de la “ciudadanización” radica en la apropiación, de un “independiente”, por todo un partido, lo que acaba de hacer el PRI. Y cabe señalar que Morena no se aleja del método destapador (anunciado, gesto kitch, para el mero día de la Virgencita Morena) y que, a lo mejor, el Frente Ciudadano remeda al PRI con un candidato asimismo sin partido. Veremos.

Ocho. ¿Seguirá, Meade, de ganar las elecciones “haiga sido como haiga sido” (piénsese en los Estados de México y de Coahuila), las directrices tecnócratas del Ejecutivo Federal por hacer mutis, su creador, gestión marcada por los rasgos imborrables de la corrupción, de la impunidad y de la violencia?

Nueve. ¿O, por el contrario, al tenor del redivivo ritual priista, justamente en la crítica de tales rasgos construirá su sello personal, especie de parricidio que ya vimos con López Portillo respecto a Echeverría, con De la Madrid respecto a López Portillo, con Zedillo respecto a Salinas? (camino que ya había emprendido Donaldo Colosio, camino cancelado en la emboscada de Lomas Taurinas).

Diez. Lo incuestionable es el cambio operado en el escenario de las elecciones del 2018. ¿El PRI conservará Los Pinos? (no hablo de Palacio Nacional, reducido a museo y salón de fiestas oficiales). ¿PAN y PRD se desmantelarán? ¿Meade tomará distancia, irrecuperable, de Peña Nieto? ¿Hunos (ojo, no es error) y otros tomarán, a su vez, el Zócalo y el Paseo de la Reforma, degradándolos? ¿El “Peje” se aprestará a una nueva –cuarta- campaña, con un nuevo partido?

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.