Bóreas Trump, postulante fascista
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Bóreas Trump, postulante fascista

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Bóreas Trump, postulante fascista

22/06/2018

Uno. Hagámos a un lado, sin olvidarlas, las escenas terribles de los campos de concentración para infantes separados de sus padres, con las que la televisión comercial se regodea en su pleito por audiencias.

Dos. No nos detengamos tampoco en el discurso racista, desalmado, impío, del Presidente de los Estados Unidos. Aunque, es verdad, no deja de resultar obscena la imagen en la que abraza sicalíptico a su bandera.

Tres. Vayamos al fondo del asunto.

Cuatro. Lo terrible no es que figuras como de la Donald Trump hagan las atrocidades que hacen. Lo terrible es que existan naciones que mediante el voto, recurso democrático, los construyan mandatarios. Así, más tarde o temprano, se descubra su raigal mediocridad, su IQ y cultura ínfimos ocultos por su ego providencialista.

Cinco. Cuestión que debería atañer a la psiquiatría y no a la historia.

Seis. En las oleadas de indignación por la barbarie descubierta, tiende a olvidarse el origen de sueños de grandeza en cabezas pequeñas, pesadillas mudadas actos de poder público. Trump ganó las elecciones frente a sus contrincantes. El racismo desmedido de su presidente, lo comparte un vasto sector electoral.

Siete. También, junto a las individuales, se yerguen las responsabilidades nacionales. Y que nadie se llame a sorpresa por los errores (horrores) nacidos por plebiscito.

Ocho. Aunque quizá no sobre repasar (reportaje histórico, película, novela), los postreros días de Hitler en el bunker de Berlín.

Nueve. Juzgo de mayor urgencia, examinar la respuesta oficial mexicana. Sin que importe que apenas el mínimo de los niños separados de sus progenitores, enjaulados, sometidos a fin de cuentas a tortura, sean connacionales.

Diez. ¿La respuesta, hasta ahora, es la adecuada? Días tarde, morosa, tibia, cauta, por boca del canciller. ¿No correspondía de inmediato pronunciarse al presidente de la República, dada la gravedad del episodio, anti mexicano, anti centroamericano, y la resonancia internacional en el tema de los derechos humanos que, de no recular el gobierno norteamericano, como lo hizo, cobraría en lo futuro?

Once. ¿No existen otras medidas categóricas, de contundencia, resolución mexicana mayor?

Doce. Y ya que a Trump, en papel de aprendiz de fascista, lo trae a mal vivir y a mal “twitear”, el asunto de la seguridad nacional norteamericana, ¿no habría que suspender o cancelar la colaboración mexicana en los programas hasta ahora suscritos? Máxime que su echarse para atrás esconde no pocas marrullerías legales.

Trece. ¿Y los consulados nuestros en Estados Unidos, no pueden armar una estrategia de demandas legales contra los responsables de acciones contrarias al derecho internacional? ¿En verdad se cree que el tardío discurso presidencial, ofreciendo los servicios consulares mexicanos a los centroamericanos, constituye una respuesta categórica?

Catorce. ¿Y la posibilidad, que he escuchado, leído, de retirar, dada la gravedad del ataque a nuestros compatriotas, en no poca medida declaración de hostilidades, a nuestro Embajador el tiempo que demande la solución total del desaguisado, guisado de componentes lesivos a la condición humana?

Quince. Duele, en verdad duele traer a cuento la observación del agudo analista político, y claro está, grandioso narrador, Martín Luis Guzmán. Para la política norteamericana, México sólo interesa como pretexto electoral.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.