Banderazo electoral
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Banderazo electoral

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Banderazo electoral

06/04/2018

Uno. El arranque de una campaña que lo fue siempre, como pre-campaña e inter-campaña, me encuentra en mi ciudad adoptiva, Taxco de Alarcón. A medio hora de aquí, Iguala. La de la noche nazi del 26/VIII/ 2014.

Dos. Por fortuna, no sufrí la hecatombe vial que demoró más de cuatro horas el trayecto entre la Ciudad de México (¡qué CDMX ni qué rábanos¡) y Cuernavaca. En su camino a Taxco, Adrián mi hijo, que estrena novela (Paraíso en casa), y su tribu, sí quedaron atrapados. Estoicos.

Tres. Del 25 de marzo al 1° de abril, Taxco se sumerge, sincera, ancestralmente, en la celebración de la Semana Santa. De un Domingo de Ramos a un Domingo de Resurrección.

Cuatro. Ni disque modernidades, ni chafas tecnocracias, decididas en la cúspide, han inhibido una manifestación (su duelo, su flagelación, su estética) que, visto el estado de la cuestión pública, adquiere el carácter de resistencia popular. Como tantas, de diverso orden, en el país.

Cinco. Resisten (y resistirán) las artes y la literatura hondos, las artesanías, el pensamiento genuino, identidades a las que el México de superficie, el oficial y oficioso, les hacen lo que el viento a Juárez.

Seis. Las cuentas alegres del gasto “democrático”, marean. Nos aguardan 90 días en que 23 millones de “spots” ofenderán tanto la inteligencia como el arte de la publicidad (que, aunque se dude en los Tres Poderes, existe).

Siete. A 6 mil 702 millones de pesos asciende la subvención (“prerrogativa”, palabra ofensiva, colonial), a 9 partidos (y partiditos). Más 6 mil millones 295 mil pesos correspondientes a las campañas locales.

Ocho. El INE (que no deja de ser IFE), contará con 7 mil 144 millones de pesos para la organización del proceso federal y 204 millones para los procesos locales.

Nueve. Quiero suponer la tranquilidad de conciencia de Lorenzo Córdova, al frente del INE, hijo de dos colegas que admiré, de no tener que inaugurar en este “México moment” (de la puritita fregada), unas instalaciones tipo hotelería Vip de Las Vegas.

Diez. A propósito del gasto multimillonario, ¿por qué 9 partidos? ¿No son, acaso, desdoblamientos del PRI (1929, PNR), el PRD, el PV, el PT, MORENA? ¿No lo son del PAN (1939, mismo nombre), el MC, el PH y, en disputa con el PRI, el PANAL? ¿Por qué rayos, entonces, 9?

Once. Por el vaciamiento ideológicos de los dos partidos “históricos”, y el posterior PRD; por la danza del dinero, legal e ilegal, en la política; y, en estado superior de la partidocracia, por la consolidación de nuevos cárteles, los cárteles de la cosa pública.

Doce. La ideología ya no la proveen Madero, Zapata, Flores Magón, Cabrera, Marx, Stalin. Más bien, lamentablemente, en su fase de “standuperos”, Vicente Fox y el sub comandante y sub poeta Marcos. Hora lamentable, deplorable, patética, de las “ocurrencias”.

Trece. Mientras tanto, desapareció en el político al uso (y abuso) el Sentido de Estado y la Revolución Mexicana, nuestra última revolución social, pasó, de la Post-Revolución (1940-1968), a su consumada Des-Instauración (1968 a la fecha).

Catorce. Sin una real oferta electoral de principios e ideas novedosos (un sin partido, un panista pederrizado, un morenista priista perredista, una panista “independiente”), lo que nos espera es un vía crucis. Durante la campaña (que, insisto, siempre lo fue), durante la jornada electoral y durante los tiempos post- electorales.

Quince. Un botín de 18 mil cargos de elección popular. Un padrón de 89.2 millones de almas en pena.

Dieciséis. Que Dios nos agarre confesados.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.