Opinión

Felipe en Venezuela

  
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Felipe González

La llegada del expresidente español Felipe González a Caracas, hace un par de días, coloca al régimen populista de Nicolás Maduro bajo la lupa internacional.

El chavismo rampante, la expresión más primaria de la demagogia y el populismo latinoamericano, ha salido a repudiar en las calles la presencia de Felipe, cuyo propósito es revisar los casos de los presos políticos y, si es posible, negociar su liberación.

Maduro tenía previsto un viaje a El Vaticano y otros puntos europeos, que se vio forzado a cancelar para atender con extrema delicadeza la visita del expresidente de España. Felipe González no es cualquier visitante: goza de prestigio internacional y europeo, como un hombre de Estado que representa a la mejor generación de la transición democrática española y además, de izquierdas –como dirían en sus tierras.

El gobierno venezolano ha intentado por todos los medios rechazar, boicotear o incluso desacreditar al propio Felipe, como un emisario del “imperio” y de los intereses capitalistas de la Unión Europea, pero ha fracasado porque lo que Maduro pretende ocultar, o tratar con desdén, es la brutal represión que su equipo de gobierno ha sostenido en contra de la disidencia. Perseguidos, encarcelados, maniatados y amenazados ellos y sus familias, las figuras de Leopoldo López y Antonio Ledezma se han ido desdibujando gradualmente de la escena política. A fuerza del encierro y la persecución, la oposición se ha convertido en disidencia clandestina, bajo la premisa del arresto, la cárcel y no sabemos qué más.

Felipe llegó a Caracas proveniente de Bogotá y en su compañía, la atención internacional y mediática. Un comité reducido lo recibió con pancartas de ¡Bienvenido presidente!, que fue aplastado por la arrolladora muestra de rechazo que el gobierno de Maduro ha orquestado. Oficialmente fue declarado “persona non grata” por el gobierno, lo que significa que formalmente no podrá tener interlocución con funcionarios y mucho menos con el propio Maduro.

Venezuela vive sus peores momentos ante el deterioro constante de la calidad de vida. Escasez, desocupación, mercado negro de divisas, inflación galopante, destrucción total del tejido social, donde han pasado de los chavistas a los antichavistas del pasado, al temor de que tu vecino te vigila y te denuncia ante las autoridades, como las trágicas postales del Gulag soviético.

Los hospitales no tienen suministros, la gente se enferma, los supermercados reducen la variedad de su oferta, la gente sufre ante una situación que limita los márgenes de acción: ¿me voy?, ¿me fugo?, ¿a dónde? Son preguntas que se hacen muchos venezolanos todas las noches.

Una educadora amiga mía, que vive en Brasil, ha logrado rescatar a su sobrina y sacarla de Venezuela para llevarla a vivir y a trabajar a Sao Paulo, pero “son seis más” me dice por teléfono, no puedo con tantos. Mis hermanos están desesperados, quieren enviar a sus hijos fuera para que tengan oportunidades, educación, empleo, para que puedan tener una mejor vida y no esta desgracia que nos destruye todos los días.

En los últimos días de la semana pasada algunas marchas reducidas
–temerosas de la represión– cantaban en las calles “Va a caer, va a caer, este gobierno va a caer”, como el canto anticipado, profético, del fin de una pesadilla que en Venezuela va a cumplir ya 19 años.

Una joven universitaria de Caracas me confesó hace un tiempo en Washington, en un encuentro de estudiantes, que “no me dejaban salir –con lágrimas en los ojos–, no me daban visa, decían que mi actitud no era suficientemente chavista. Al final, después de muchas horas y ‘entrevistas’ en el Ministerio, me la dieron”.

No hay mucho margen político para Maduro y su gobierno, a pesar incluso del apoyo militar. El derrumbe de los precios internacionales del crudo ha mandado su capacidad de maniobra y subsidio casi a cero, disminuyendo sus alianzas internacionales, dañando su relación especial con Cuba. No queda mucho más.

Felipe Gónzalez puede ser el catalizador de un proceso de cambio, si consigue la liberación de los presos políticos.

Twitter: @LKourchenko

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