Opinión

Felipe el incómodo


 
Nada bien ha caído en Los Pinos el marcado activismo político y el protagonismo mediático de Felipe Calderón. Aquella transición de terciopelo que encabezaron Enrique Peña Nieto, Presidente Electo, y Felipe Calderón, Presidente Constitucional, entre julio y diciembre del año pasado ha quedado en el olvido.
 
En aquella segunda mitad de 2012, Peña y Calderón acordaron no voltear al pasado, mirar hacia adelante por el bien del país y, tal parece también, no ‘tocar’ a ningún funcionario del gobierno anterior.
 
 
Un ejemplo claro de ello es Marisela Morales Ibáñez, la última procuradora general de la república del gobierno pasado, quien contó con el apoyo incondicional de Calderón para actuar con toda impunidad. Nadie la ha molestado, ni se ha sancionado a una sola persona, por el encarcelamiento de inocentes durante su gestión al frente de la PGR.
 
 
Hay evidencias del despilfarro de recursos y no ha pasado nada. En su gestión se violaron derechos humanos. Abusó del arraigo contra personas que al final tuvieron que ser liberadas por falta de pruebas. Desmanteló la flota aérea de la PGR, fundamental para sus labores, y prefirió contratar aviones privados de manera poco transparente. Hay sospechas de que hizo o permitió negocios millonarios y con cargo al presupuesto.
 
 
Pagó muchos millones de pesos durante años a testigos ‘protegidos’, cuyas declaraciones sirvieron para encarcelar inocentes o perseguir a enemigos del calderonismo. Casos armados con base en dichos de delincuentes protegidos por la PGR como “Jennifer”, “Pitufo”, “Geraldín”, “Ángeles”, “Óscar”, “Pedro, y “Rufino” se desmoronaron y siguen cayéndose porque fueron comprados para finalidades político-electorales.
 
 
¿Y dónde está hoy Marisela Morales Ibáñez? Gozando de la inmunidad y la impunidad en el Consulado General de México en Milán, Italia.
 
 
Ese es sólo un ejemplo. Podríamos incluir en la lista a otros ex funcionarios sospechosos o señalados de haberse enriquecido al amparo del poder como Alejandra Sota, la ex vocera, o la otrora poderosísima Patricia Flores Elizondo, la ex... jefa de la Oficina de la Presidencia de Calderón.
 
 
La pregunta es ¿por qué si tanto ha incomodado en Los Pinos el protagonismo de Felipe Calderón, nadie le ha enviado un "estate quieto"?
 
 
Por lo pronto las arengas de “no debemos ceder” o “hay que mantenernos unidos” que dijo Calderón a los suyos durante la comida-cena de cumpleaños -y que terminó de madrugada- en la casa del Pedregal de Roberto Gil Zuarth, hoy senador y su ex secretario particular, continuarán.
 
 
También "solicitud-orden" -muy imprudente, por cierto- al canciller José Antonio Meade, antes su secretario de hacienda, para que exija explicaciones a los gringos por haberlo espiado.
 
 
O su activismo en Twitter hablando de los resultados de la selección mexicana de fútbol como si fueran logro o falla del gobierno: “Recibí a la selección nacional como: campeona del Mundial Sub17; medalla de oro en los Panamericanos; medalla de oro en Olímpicos. ¿Qué pasó?”. Y sus apariciones sin justificación en transmisiones deportivas por la televisión.
 
 
Hay quien afirma que un buen presidente debe saber ser un buen ex presidente.
 
 
Hasta el miércoles.
 
 
Twitter: @cachoperiodista