Ni extrema ni innecesaria
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Ni extrema ni innecesaria

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Ni extrema ni innecesaria

13/04/2018

Después de un proceso de más de dos años, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) emitió el plan para la implementación de la separación funcional de Telmex, una medida que deberá promover en serio la competencia en el sector de las telecomunicaciones.

Conviene poner las cosas en contexto, sobre todo cuando un buen número de columnistas que regularmente coinciden con las posiciones que favorecen a América Móvil sostienen que la separación funcional de Telmex es una medida extrema e innecesaria. La resolución del IFT, en esencia, obligará a Telmex a crear una nueva firma que: a) formará parte del mismo grupo de interés económico cuya holding es América Móvil, y b) prestará a los operadores competidores de Telmex algunos servicios que actualmente presta el propio Telmex en condiciones poco competitivas, a juicio de IFT.

¿Qué motivó la separación funcional? En su resolución, el propio órgano regulador señala claramente las causas, todas ellas referidas a la situación de la banda ancha fija en México: muy baja penetración (último lugar de la OCDE); elevados precios; baja velocidad de descarga (penúltimo lugar); enorme y persistente concentración del mercado en Telmex (solamente superado en la OCDE por las respectivas empresas públicas dominantes de Estonia y Turquía), y, por último, nula desagregación de líneas de banda ancha (a fines de 2016 había 574 solicitudes de desagregación de líneas, cuando en Inglaterra, por citar un caso, las líneas desagregadas superaban los 9.8 millones de hogares).

Lo que tenía ante sí el IFT era –y es- una situación lamentable en el mercado de banda ancha fija. El conjunto de medidas regulatorias asimétricas de 2014 no había funcionado (probablemente Telmex tenga una buena parte de responsabilidad), pero, sobre todo, la falta de competencia había causado un grave daño al mercado, a la población y a la economía; baste señalar que el Banco Mundial afirma que una penetración adicional de 10 puntos porcentuales de banda ancha representa un crecimiento del 1.38% del PIB.

Por si fuera poco, se incurre en violación flagrante de la fracción IV del artículo octavo transitorio de la Reforma constitucional de telecomunicaciones, que ordena la desagregación efectiva de la red del agente preponderante. Cuatro años después de su entrada en vigor, tal precepto de la Constitución es letra muerta.

El IFT tenía que actuar, y actuó. Y lo hizo con mesura, pues, entre las opciones que le ofrecen la Constitución y la Ley, decidió la separación funcional y, dentro de ella, actuó de manera por demás razonable, en múltiples aspectos. Nada le hubiera impedido ordenar la desincorporación de activos o la separación estructural (que implicaba la salida de la empresa del grupo de interés económico), o incluso una separación funcional más rotunda.

Básicamente los servicios que se separan de Telmex son los de la desagregación de la última milla (la línea que va de la central a los hogares de los usuarios), lo que permitirá que los demás operadores, mediante pago, puedan usar esta infraestructura en condiciones ágiles, transparentes y no discriminatorias, incrementando de manera drástica el acceso, la competencia y la penetración de la banda ancha fija. España, Francia, los Países Bajos, Italia, Australia y Reino Unido son claros ejemplos de la bondad de esta medida; en seis años en el Reino Unido la penetración de la banda ancha pasó de 12.5% al 32%, una vez que la desagregación pasó del 1% al 39% de las líneas.

Nos parece que el IFT no buscó la separación funcional sino su efecto: la desagregación efectiva. La medida llega a México con un retraso de 15 años, cuando menos. Ya fuera por la imposibilidad judicial de avanzar o bien por la cínica cooperación con el preponderante (cómo olvidar los años vergonzosos del sexenio foxista), los gobiernos no pudieron o quisieron regular a Telmex como era necesario. La empresa hizo su trabajo y durante años maximizó a grados increíbles sus ganancias. Las cosas empiezan a cambiar y puede haber un campo de juego más parejo, pero faltan muchas batallas por librar, en los juzgados y en los mercados.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.