Opinión

¿Favores por votos?

 
1
 

 

Depositando el voto. (Cuartoscuro/Archivo)

Nunca en la historia de la búsqueda de la representación política, el clientelismo ha estado ausente de los procesos en que un partido o candidato busque votos a cambio de favores.

Esta práctica que bien puede ser en las diferentes etapas históricas inmoral, no ética o bien ilegal, es también vista como una expresión de lo que J. A. Shumpeter llamó con una claridad instrumentalista que la gente vota para defender sus intereses y que por tanto es en la lógica del capitalismo que los votantes busquen la mayor ganancia; o quizá para apalancar de manera pragmática esta tesis sirva la expresión del sociólogo alemán Max Weber, quien señaló que la gente vota “por muy robustos motivos de miedo y de esperanza”.

Ahora bien, si esto sucede en el análisis de la democracia liberal, recordemos que ya desde la época de la Roma antigua se daba esto, aunado a la participación de los brokers (es decir de los intermediarios entre el “patrón” y los clientes). En una carta del año 64 a. C. –que por cierto bien puede ser considerado como el primer manual para hacer una campaña electoral en la historia–, Quinto Tulio Cicerón le expresaba a su hermano Marco Tulio, quien aspiraba al Consulado, la magistratura más importante de la República Romana: "tú has ganado el favor de cuatro asociaciones a las que pertenecen los ciudadanos con más influencia electoral: Cayo Fundando, Quinto Galo, Gayo Cornelio y Gayo Orquivio (…) tienes que exigirles lo que te deben, multiplicando tus advertencias, ruegos y exhortaciones y procurando que se den cuenta de que no van a tener nunca otra oportunidad de demostrar su agradecimiento”. Y continuaba: “hay tres cosas en concreto que conducen a los hombres a mostrar una buena disposición y dar su apoyo en unas elecciones, a saber: los beneficios, las expectativas y la simpatía sincera”.

Entonces, ¿debemos resignarnos a que en la política y en la búsqueda de la representación política siempre han existido los favores a cambio de votos?

Me parece que no, que lo que tenemos que seguir impulsando es la construcción de ciudadanía, que con una cultura política de afinidad ideológica, de valores, o de expectativas en una representación de calidad vaya acabando día a día con éstas prácticas anacrónicas, no éticas e ilegales que en lo más burdo de su expresión, la entrega de cosas materiales o el condicionamiento de programas gubernamentales, expresa también la pobreza y la desigualdad social que lleva a muchas personas a vender literalmente su voto.

En el proceso electoral en el que estamos inmersos, es importante recordar que existen nuevas reglas, a las cuales todos debemos apegarnos de manera estricta; hay también un nuevo fiscal en la Fepade, un nuevo árbitro que es el INE, que tiene la responsabilidad histórica de aplicar la ley y, además, una sociedad cada vez más vigilante y participativa en las redes sociales.

Lo anterior debe llevar a los partidos, candidatos y gobernantes de todos los niveles y signos políticos a que la conquista del voto sea por medios legales y éticos y eso sólo lo hace la buena política y no la corrupta práctica de querer comprar votos por dádivas.

Que esta campaña sea para avanzar aunque sea un poco en esta construcción de ciudadanía, de una mejor democracia y sobre todo de lograr una representación política de calidad y no un tianguis de compra-venta que busca aprovechar la gran vulnerabilidad económica de millones de mexicanos por la pobreza y la desigualdad social.

Twitter: @SamuelAguilarS

También te puede interesar:
Democracia desigual
Desigualdad, ¿inevitable?
Proteger la economía