Opinión

¿Fallaron las RRPP
de Los Pinos?

A mi papá Carlos Mota Aburto, en su cumpleaños 101, hoy.

​No hay lugar donde converse sobre el tema de Ayotzinapa e Iguala en el que no me digan que la imagen de México en el exterior ya se deterioró tan notoriamente, que no hay manera de que el presidente Enrique Peña Nieto recupere la narrativa de éxito que había impulsado tras las reformas estructurales. Yo no estoy seguro de tanto pesimismo, y creo más bien que la moneda está en el aire. Pero el nivel de riesgo es ciertamente elevado.

¿Cómo se va a solucionar esto?, me preguntaba una alta ejecutiva de una empresa de tecnología el viernes, mismo día en que el diario Financial Times publicó un ácido editorial afirmando que los mexicanos caímos en cuenta de la realidad sombría en la que vivimos que nos obliga a un cambio de guión en la película de ficción que nos estaba recetando el gobierno.

La prensa internacional no parará. Algo falló en las agencias de relaciones públicas que fueron contratadas para contar la historia de éxito de las reformas estructurales, que ahora no han sido capaces de hacer un manejo mínimo de control de crisis. Todo se resquebrajó. A tal grado, que hay periodistas extranjeros que específicamente se encuentran en estos días en México para documentar –de nueva cuenta– el grado de suciedad institucional que caracteriza a los gobiernos y a la sociedad. Sus estocadas están por ser publicadas globalmente estos días.

Hay gobernadores como Graco Ramírez o Rodrigo Medina que intentan invitar a la ciudadanía a no desanimarse. Pero no es suficiente. En mi opinión, el líder moral que requiere el país para sanar la herida de Ayotzinapa no podrá provenir de las instituciones formales ni legales.

De hecho, creo que la única salida a esta crisis de ánimo colectivo sería que apareciera un liderazgo moral de entre el fango mismo: un arrepentido capo que nos confesara al aire los motivos de sus acciones, que relate las ambiciones que perseguía y que nos muestre, al alimón de su arrepentimiento verdadero, las luces que deben mirar quienes por miles todavía se encuentran en una vida de ilegalidad y rodeada de muerte.

No creo que las ambiciones de poder y control de los grupos criminales que han azotado al país se sacien únicamente con despenalizar las drogas. Es urgente la aparición de un individuo que desde el averno emerja habiendo vencido a sus propios demonios. Pero para que emerja debe sobrevivir sin raspaduras el ascenso, algo sumamente difícil en la lógica de ajuste de cuentas que caracteriza a estos grupos.

¿Hace falta una operación cicatriz de los publirrelacionistas de Los Pinos hacia el exterior? Quizá. Pero nada que no sea efectivamente verdadero sanará la herida ni terminará de exhibir internacionalmente las bajezas de nuestra sociedad.

Twitter: @SOYCarlosMota