Opinión

Facturas pendientes

Al menos una vez por mes me irrito cuando en alguna tienda como Liverpool la vendedora, a quien solicito una factura, me dice que no estoy registrado con mi RFC en su sistema o me direcciona a la página web de dicha empresa para que, en la comodidad de mi hogar y a la hora que yo desee, obtenga la factura correspondiente. Me irrito porque la pereza de la vendedora suele ser el motivo por el cual no se me da la factura in situ, y porque lo último que quiero es llegar a casa para entrar a internet a buscar facturas.

En la nueva realidad fiscal, en la que toda nuestra contabilidad vive en el SAT, ha resultado muy oneroso obtener comprobantes fiscales para transacciones de la vida cotidiana. No sólo en Liverpool las vendedoras hacen gala de la pereza; en miles de restaurantes te recetan este guión: “entras a esta página, amigo, e ingresas el número de folio y el monto total”.

Pero esto podría estar a punto de terminar. El senador Héctor Larios del PAN ha lanzado una iniciativa para modificar el Código Fiscal de la Federación. Así: “Se considerará incumplimiento de las disposiciones en materia fiscal, cuando el contribuyente que, a través de sus establecimientos, sucursales, puntos de venta o páginas electrónicas, en vez de cumplir con remitir el comprobante fiscal al Servicio de Administración Tributaria o al proveedor de certificación de comprobantes fiscales digitales por Internet para su debida certificación (…) sólo ponga a disposición del cliente una página electrónica o un medio por el cual invita al mismo cliente para que este por su cuenta proporcione sus datos para poder obtener el comprobante fiscal y no permitir en el mismo acto y lugar que el receptor proporcione sus datos para la generación de dicho comprobante en el propio establecimiento.”

Lo anterior, si se aprueba, implicaría un cambio sustancial de modo operativo fiscal en miles de establecimientos que trasladaron al cliente la responsabilidad de obtener la factura. Miles de sucursales de cafeterías, restaurantes, tiendas de autoservicio, etcétera, quedarían obligadas a recabar los datos fiscales en el momento de la transacción comercial. Eso implicará una adaptación de sistemas y una capacitación adecuada a decenas de miles de dependientes que habían dejado de lidiar con la facturación.

En transacciones tan básicas como estas se percibe un atributo básico de nuestra economía: qué tanto nuestro sistema funciona en beneficio del ciudadano, y en este caso, del contribuyente. Claramente el hecho de trasladar la responsabilidad de la facturación al cliente implicaba un desentendimiento del proveedor. Qué bueno que haya legisladores que reparan en transacciones básicas que nos afectan a todos.

Twitter: @SOYCarlosMota