El líder
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El líder

15/11/2018
Actualización 15/11/2018 - 11:03

Saber interpretar la voluntad de un líder es la tarea de todos aquellos que intentan recibir su aprobación, y simultáneamente ascender en la carrera política al lado del jefe supremo. Es lo que sucedió durante el periodo en el que el PRI gobernó como partido hegemónico y el presidente en turno decidía sobre el presente y el futuro de la vida de sus allegados. El fin del presidencialismo absoluto les permitió a los hombres del poder impulsar su proyecto personal cerca del primer mandatario, pero no necesariamente sujetos a la voluntad del ocupante de la silla presidencial.

El triunfo arrollador de Morena y López Obrador en las elecciones de julio reconstituyó el poder del presidente, que había sido disminuido por el proceso democratizador durante décadas. La centralización de las decisiones de nuevo en manos del Ejecutivo federal, hacen del nuevo mandatario el depositario de una gran capacidad de decisión en todos los ámbitos. Sin embargo, a diferencia del PRI, Morena carece de la estructura vertical necesaria para procesar los deseos del líder único, y por lo tanto los segundos de abordo intentan interpretar y poner en marcha aquello que consideran es la voluntad real del caudillo.

Así, en el tema del aeropuerto de Texcoco, las señales enviadas desde la casa del líder supremo fueron claramente interpretadas por el partido y sus dirigentes locales, y el resultado fue exactamente el que se preveía. Pero en el Congreso los liderazgos parlamentarios de Morena viven la incertidumbre de cuándo y cómo complacer al caudillo y las señales se cruzan, ocasionando problemas al propio AMLO y a la relación entre el presidente electo y otros grupos de poder, como los empresarios y el sector financiero.

El desencuentro entre Monreal, Polevnsky, Batres y Delgado en el tema de la legislación que prohibiría a los bancos cobrar comisiones, demuestra que cada uno de los liderazgos parlamentarios opera a partir de lo que considera es la prioridad del propio gobernante, y obliga a éste a rectificar cuando el poder del capital lo amenaza con cobrar cara la irresponsabilidad de sus subalternos. En este tema de las comisiones, los desmentidos del propio Monreal y la reafirmación de Carlos Urzúa en el sentido de que estas medidas no procederían, no fueron suficientes para tranquilizar a los mercados. Tuvo que intervenir directamente López Obrador para que las aguas financieras retomaran su cauce, antes de que se provocase una tormenta mayor.

Y es que en las épocas del priismo hegemónico, los errores que derivaron en crisis económicas fueron producidos directamente por las órdenes de los presidentes, pero jamás por la iniciativa propia de los subordinados. En el caso de Morena, la indefinición de los qué y los cómo en el proyecto de gobierno provoca este desorden, incluso antes de la toma de posesión de AMLO el próximo 1 de diciembre. Por ello resulta importante la forma en la que se presente el próximo Presupuesto, principalmente en lo que atañe al cálculo de ingresos reales.

Porque afirmar que las exenciones fiscales prometidas para la frontera norte del país costarán al fisco únicamente 40 mil millones de pesos y no más de 100 mil millones como en realidad sucedería, es un argumento no creíble para calificadores y corredurías, las cuales procederían a imponer medidas que sacarían los capitales del país en automático. Y es que si las presiones derivadas de la falta de contacto con la realidad se imponen a la retórica de austeridad y manejo responsable de las finanzas públicas, la crisis se hará presente y ni las palabras del líder supremo podrán contenerla.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.