Opinión

La verdad de las promesas del carbón

 
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Me-Trump

La gran noticia del discurso reciente del presidente Donald Trump ante el Congreso fue que nuestros expertos no están aprendiendo. Después de todas las debacles de 2016, los analistas políticos se embelesaron por el hecho de que Trump —mientras seguía mintiendo una y otra vez y proponiendo iniciativas verdaderamente viles— pudo leer un teleprompter sin empezar a despotricar dementemente.

Si la democracia estadounidense fracasa, estos supuestos analistas, que de hecho simplemente son malos críticos de teatro, compartirán parte de la culpa.

Pero dejando eso a un lado, me sorprendió la persistente insistencia de Trump en que va a hacer que vuelvan los empleos en la extracción de carbón. Eso dice algo notable sobre él y sobre el cuerpo político.

Por supuesto, no va a hacer que vuelva la minería carbonífera como ocupación. El desplome en el empleo en la extracción de carbón empezó hace décadas, impulsado principalmente por el cambio hacia la minería a cielo abierto y la minería de remoción de la cima de las montañas. Un renacimiento parcial luego de las crisis petroleras de la década de los 70 fue seguida por una renovada caída (¡durante el mandato del presidente Reagan!), y la fracturación hidráulica y el gas barato propinaron el golpe final. Dar nueva libertad a las compañías carboníferas para que contaminen los arroyos y a las empresas de suministro para que destruyan el planeta no hará una mella perceptible en esa tendencia general.

Entonces, ¿por qué se apoya abrumadoramente a un candidato que no hará que vuelva un número significativo de empleos mineros pero que muy posiblemente destruirá el servicio médico para mucha gente, lo que significa pérdida de empleos así como vidas destruidas?

La respuesta, supondría yo, es que el carbón realmente no tiene nada que ver con el carbón; es un símbolo de un orden social que ya no existe.

Twitter:@paulkrugman

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