Opinión

Exposición de motivos

Repantigado en el mullido sillón de su amplísimo estudio, Gil sintió un movimiento extraño y pensó que temblaba. Falsa alarma. Gamés recordó que el terremoto de 8.8 grados en la escala de Richter que remeció Chile movió el eje de la Tierra. Richard Gross, científico de la NASA, utilizó un complejo modelo matemático cuyos resultados arrojan que el sismo acortó la duración del día terrestre en 1.26 microsegundos. Un microsegundo equivale a la millonésima parte de un segundo, exactamente el tiempo que tarda Gilga en predecir los movimientos telúricos. Creo que va a temblar, dice Gamés, y zas, tiembla.

La verdad es que Gil se preocupó muchísimo y se mordió el nudillo del dedo índice. Si ocurren en el planeta otros sismos de esa magnitud, cosa que está en la índole del globo terráqueo, el eje seguirá moviéndose (ah, el gerundio) y los días serán más cortos ocasionando que, primero, en un futuro sean brevísimos y, segundo, que la rotación aumente su velocidad al grado de que no podamos mantenernos en pie. Viviremos como dentro de una tómbola, la mayor parte del tiempo acostados. En las oficinas no habrá escritorios sino camas ¿Estamos de acuerdo, señores de la NASA? A esta conclusión llegó Gamés sin necesidad de ningún complejo modelo matemático y con temor a que tiemble una vez más en México.

Miren: sólo habría algo peor que el drama de la rueda y el riel de la línea 12 del metro y sería un temblor de magnitudes terribles. Por cierto, las consultoras francesas TSO y Sistra han entregado al gobierno del Distrito Federal un diagnóstico sobre esa línea de Metro. El presidente de la comisión de la Asamblea Legislativa, Jorge Gaviño, puntualizó que se trata solamente de una exposición de motivos. Le llaman desgaste ondulatorio al desastre de la rueda y el riel, y le llaman exposición de motivos al repaso del desastre que ha expuesto a los usuarios a un accidente fatal y a la barbaridad que ha costado un dineral a la Ciudad de México (ala ala). Al parecer, cada quien le llama a la realidad como le da la gana.

Gil ve que se mueve una lámpara de techo y empieza a pensar en el desastre. Un raro nerviosismo, como el que debe sentir en este momento Marcelo Ebrard, se apodera de Gamés. Y es que han sido muchos los sismos que han sacudido a la Ciudad de México. Ciertamente, Gamés desaloja con una rapidez que envidiarían en las oficinas de protección civil. La extinta madre de Gil le enseñó a salir como alma que lleva el diablo apenas se siente el primer movimiento. Gamés no transigirá con aquellos que sostienen que hay que quedarse en casa; si tiembla, todos a la calle y punto com. Gilga detesta a los personajes que afirman que no tienen miedo del sismo: no pasa nada, ya pasó. La tranquilidad es una forma de cerrar los ojos ante la realidad. Gil no quisiera cometer un símil exagerado, pero si al diagnóstico de la Línea 12 le llaman “exposición de motivos”, a los sismos se les podría llamar “movimientos de atención venidos de la China”. Por cierto, ¿en dónde estará Marcelo Ebrard y qué pensará cada vez que se publica una nueva noticia sobre la Línea 12? Algo se mueve, ¿lo sienten? Se trata quizá de una “exposición de motivos telúricos”.

Gil s’en va