Opinión

¿Expansión o recuperación?, el avance de China sobre
el mar del sur

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TPP

Desde el siglo XIX los mares de China Meridional y Oriental han sido fuente innumerable de disputas y litigios entre China y sus vecinos, principalmente Japón. El derecho del mar y sus convenciones no han sido suficientes para asignar a quién corresponde de manera exclusiva o privilegiada la explotación de los recursos de esas aguas.

Actualmente, el conflicto más preocupante ocurre en torno a las islas Spratly, que reclaman total o parcialmente cinco Estados: China, Filipinas, Malasia, Brunei y Vietnam. En un inicio, Filipinas y Vietnam trataron de hacer valer los que consideran sus derechos construyendo islas artificiales, pero se han visto frenados por las reivindicaciones chinas.

China se refiere a sus actividades en el mar del sur como “recuperación de tierras”, motivado por la añeja aspiración de los dirigentes del Partido Comunista de retomar el lugar que están convencidos le corresponde a su nación en el mundo. Asimismo, considera que es su zona de influencia natural. Como ha hecho en otros conflictos territoriales, China justifica sus derechos con mapas antiguos, donde aparecen dibujados los mares sobre los que ha ejercido dominio, a través del tiempo y de sus dinastías milenarias. El poder económico y militar de China le da una ventaja clara con respecto a sus vecinos.

Para asentar su soberanía, los chinos construyen islas artificiales sobre barreras de arrecifes. Estas islas nuevas sirven como bases para sus flotas pesqueras, buques petroleros, de vigilancia marítima y, eventualmente, podrían serlo también para sus flotas naval y aérea. Al mismo tiempo, China ha aumentado su gasto militar (alrededor de 175 por ciento desde 2003) y tiene en la mira innovaciones tecnológicas para contar con armamento de vanguardia.

Para hacer frente a la mayor presencia china, el gobierno de Obama priorizó dentro de su política exterior el “pivote de Asia”, para reafirmar la presencia de Estados Unidos en esa parte del mundo. En lo militar, Washington ratificó su alianza con Japón y Filipinas –con quienes tiene obligaciones de defensa mutua debido a los tratados de seguridad que suscribió desde la segunda postguerra–, se comprometió a desplegar mayores contingentes de tropas y armamento en países aliados y reiteró que el recorte al presupuesto militar no afectará los acuerdos de defensa vigentes en la región. En lo comercial, el presidente norteamericano le ha apostado al Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP), que integrará es Estados Unidos con socios de ambos lados del Pacífico y del que se ha excluido –al menos hasta ahora– a China.

Estas medidas no han logrado sus propósitos. China percibe una distancia entre el discurso y las represalias que podría tomar Estados Unidos (EU). El Pentágono lo consigna en sus informes más recientes: los líderes chinos no toman en serio las declaraciones de EU y están dispuestos a aumentar la tensión en la zona. El secretario de Defensa norteamericano, Ash Carter, ha declarado que no queda claro cuánto más osará China a proseguir con sus planes. Los chinos encuentran que Obama está debilitado por la disensión interna y que ha tomado acciones tibias en otras zonas de conflicto, como Medio Oriente y el Cáucaso, por lo que es poco probable que tome medidas significativas para detener el creciente expansionismo marítimo chino.

Por el momento, China ha logrado salirse con la suya. Hace un mes, mientras un avión de vigilancia estadounidense sobrevolaba la zona en conflicto, un barco de la Marina china emitió advertencias de retroceder inmediatamente, lo que implica que el gigante asiático ha establecido de facto una zona restringida de vuelo sobre partes del mar del sur, a pesar de que sus derechos territoriales aún son discutibles. Hoy en el sureste de Asia un error minúsculo del capitán de una pequeña embarcación o de un dirigente político podría desatar un conflicto armado entre China, cualquiera de sus vecinos y, necesariamente por las alianzas que lo vinculan, con Estados Unidos. Los alcances de semejante crisis en la región serían insospechados.

Mientras en Estados Unidos están ocupados con las primarias electorales, del otro lado del mundo China sigue paulatinamente ampliando su radio de acción en esa zona. Naciones Unidas, por su parte, tampoco se ha manifestado al respecto. El mapa geoestratégico en esa región se rediseña, ante los ojos de todo el mundo, sin que los países afectados logren atraer el suficiente interés de la comunidad internacional.

Twitter: @lourdesaranda

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