Opinión

Expansión del Estado Islámico en Oriente Medio


 
Como se temía, la guerra en Siria se extendió a Irak con la captura por los fanáticos musulmanes la semana pasada de las ciudades de Faluya y Ramadi y en Estados Unidos no faltan las recriminaciones de los halcones a Barack Obama, quien para su desmayo no sólo se acercó a Irán y rechazó intervenir en Damasco y Bagdad, sino que además vacila en entregar armas sofisticadas al régimen chiita del premier Nuri el Maliki en la antigua Mesopotamia.
 
 
Faluya, la ciudad mártir de las mil mezquitas, bombardeada con armamento químico por el Pentágono en 2004, después de que murieron ahí cuatro mercenarios de Blackwater USA, la firma de “contratistas” favorita de George W. Bush, cayó con Ramadi, capital de la provincia de Anbar, en manos del Estado Islámico de Irak y Levante (ISIS), filial de Al Qaeda que fue desautorizada en noviembre por Ayman el Zawahiri, sucesor de Osama ben Laden, luego de tratar de fusionarse con el Frente el Nosra, una de las facciones guerrilleras más exitosas de Siria.
 
 
De acuerdo con Al-Monitor, en Anbar combaten, además de ISIS, otros tres grupos que incluyen tribus sunitas opuestas a El Maliki por el arresto del parlamentario Ahmed el Alwani, así como las milicias Sahwa que se aliaron a Washington y otras bandas salafistas que rompieron con ISIS, cuando su líder, Abu Bakr el Bagdadi, se rebeló contra El Zawahiri. De esta mezcolanza resulta claro que los islamistas cada vez son más fuertes ––tienen 10 mil efectivos que proceden de 60 países–– y operan en dos naciones clave de Oriente Medio, entre Israel y Arabia Saudí, donde sueñan con implantar un califato.
 
 
Aplastar
 
 
De ISIS, cuyo vocero, Abu Mohamed el Adnani, pidió “aplastar” a los “moderados” que lo enfrentan en Siria y que ayer le arrebataron su cuartel en Aleppo, el canciller estadounidense, John Kerry, dijo que “son los jugadores más peligrosos”, pero aclaró que “es una lucha que pertenece a los irakíes y eso es exactamente lo que el presidente y el mundo decidieron cuando dejamos Irak”.
 
 
Contrario a la doctrina Bush que instigaba el miedo para ganar elecciones, Obama sabe que al menos por ahora, ningún bando tiene la fuerza suficiente para atentar en Estados Unidos, donde habrá comicios legislativos en noviembre y, según encuesta de CNN/ORC, 62 por ciento de la población cree que fue un “error” invadir Irak. A fin de cuentas, Irak se desintegra por un conflicto que él no empezó y para el que no hay soluciones militares; ya lo dijo en sus memorias Robert Gates, ex titular del Pentágono: Obama ni siquiera creía en la escalada bélica que ordenó en Afganistán, próximo escenario de la derrota para los residuos de la “guerra antiterrorista”.