Opinión

Exhausta


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cansancio

El agotamiento y la ira pueden surgir del desequilibrio en las lealtades que se deben al placer y al deber, a la seriedad y a la frivolidad, al trabajo y al juego, a la deliberación madura y a la espontaneidad infantil.

Claudio Naranjo
Irritable, peleonera, oscura y con los niveles de pesimismo a tope. No tiene mucho entusiasmo respecto de nada y cada mañana es un triunfo levantarse. Los diagnósticos no se hacen esperar: tiene una depresión crónica de leve a moderada, opina un psiquiatra. El gastroenterólogo le sugiere que cambie su estilo de vida (se muere de risa y de llanto por dentro) porque su gastritis y colitis son una somatización de sus preocupaciones. El neurólogo opina que tiene 9 de los 13 síntomas para ser diagnosticada con fibromialgia del cuello y cree que de ahí vienen el cansancio, el insomnio y los dolores de cabeza. Otro psiquiatra opina que quizá no duerme porque el 50 por ciento de las mujeres debutan espontáneamente con insomnio después de los 40 años. Varios psicoanalistas la han escuchado durante los últimos 10 años. No ha sido especialmente paciente para quedarse con ninguno durante mucho tiempo. Unos opinan que tiene una pulsión maligna que la lleva a castigarse y a boicotear los buenos momentos. Otros, que está aislada porque siempre sale huyendo cuando se rompen sus ideales de amor o amistad y entonces devalúa todo y piensa que es mejor estar sola.

También se reconoce en los libros sobre codependencia. Es incapaz de pedir ayuda, le gusta controlarlo todo, ser productiva y jamás necesitar de nadie. Piensa todo el tiempo en los otros y con resentimiento: qué necesitan, en qué se equivocan, qué deberían cambiar, en qué le han fallado.

Dicen que tocar fondo ocurre en dos escenarios:

1. El dolor es insoportable y no queda más remedio que reconocerse impotente y necesitado de ayuda.

2. Una epifanía casi mágica que hace visible lo invisible, consciente lo inconsciente, lo impostergable del cambio.

La mujer exhausta ha tocado fondo por dolor. Su cansancio ha cobrado dimensiones absurdas. Ha perdido la cuenta de cuántos meses lleva sin detenerse, sin descansar, sin dormir bien, sin pisar una playa o un bosque en donde pueda olvidarse de todo con la paz de saber que no es indispensable.

Tantos diagnósticos se volvieron un laberinto en su cabeza. No sabe si debe atender la fibromialgia, tomar antidepresivos, retomar el psicoanálisis para hablar de su soledad ancestral. Lo que quiere es reaprender a dormir, a vivir con menos angustia y prisa, menos obsesionada con alcanzar sus sueños.

Aunque parezca que la ambición por la perfección es una meta deseable, para la mujer brutalmente cansada no es opción. Ni tampoco empastillarse para estar más “equilibrada” y para dormir artificialmente en lugar de intentar entender qué le quita la paz.

Si esta mujer fuera mi paciente, le diría que es urgente disminuir su velocidad de desempeño y las expectativas grandiosas respecto de sí misma y de los demás. Que debería preguntarse por qué necesita con tanta desesperación demostrarle al mundo que es talentosa, inteligente y especial, lo cual constituye una causa perdida y camino directo a la frustración, porque siempre piensa que pudo haberlo hecho mejor o que los demás no dieron su máximo esfuerzo.

También le diría que la vida se trata mucho más de un ejercicio de humildad y de reparación del rencor y no de un concurso por el primer lugar. Que la vida transcurre mucho más bonita cuando es pausada y cuando uno entiende que a veces no hay que hacer nada. Hacer no es ser, le diría, y producir no debería ser el principal alimento de la autoestima. Que aprender a decir no puedo, estoy cansada, no le entro, no quiero, es vital. Y también aprender a decir sí quiero y lo hago porque me da la gana y no para ser reconocida como la mejor profesionista, madre, hermana, hija o amante. Le diría que su prioridad es aprender a relajarse, a descansar, a despreocuparse y a olvidar las cuentas pendientes. Que es indispensable que viva más despacio y más clara de que su bienestar es una responsabilidad individual y que la única misión trascendente en la vida es aprender a elegir y a quedarse en los lugares en donde sí quiere estar, en donde pueda respirar sin dificultad, en donde la respeten como es y respete a los demás como son, en donde no necesite hablarle horrible a los otros para hacerse escuchar, ni tenga que demostrar nada, porque está tranquila sabiéndose fantástica e imperfecta.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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