Opinión

Exceso de carga

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deuda

Para mi papá, en sus ochenta.

Decíamos ayer que el problema de las deudas es resultado de la decisión que tomamos, en Occidente, de cargarle al gobierno la provisión de ciertos bienes que consideramos que todos deben tener: educación, salud, pensiones. Esa decisión indudablemente ha redundado en mejores condiciones de vida para millones de personas, al extremo de que Occidente (o específicamente Europa y los que salieron de ahí: Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) se han convertido en la aspiración del resto del mundo.

Pero sostener ese gran esfuerzo de redistribución exige impuestos muy elevados, y no en todas partes se ha logrado implementarlos. En donde no, la diferencia se ha acumulado en forma de deuda, que llega ya a niveles muy elevados en algunos países. Y esto ocurre cuando estamos viviendo el cambio demográfico más importante de este siglo. A diferencia de lo que se creía hace 50 años, no hay explosión demográfica. Es más, en Occidente hay implosión.

La población de muchos países que llamamos desarrollados está cayendo, y también de otros que no lo son como Brasil, China y Rusia. Rusia es de las naciones que más población en edad de trabajar pierde, por el envejecimiento general. China empieza a perder este año, y Brasil inicia su caída hacia 2020. Y mientras Rusia y China pueden no tener mucho problema con sus pensiones (porque los gobiernos autoritarios no se preocupan mucho por eso), Brasil tiene problemas similares a los de Europa, sin tener los recursos de ese continente.

Educación y salud sufren la “enfermedad de los costos”, una idea propuesta por Baumol hace medio siglo que afirma que esas actividades incrementan su costo, comparadas con las demás, porque no pueden reducir su consumo de mano de obra. Mientras que un auto o una computadora hoy requieren mucha menos mano de obra que hace diez años, educación y salud siguen consumiendo lo mismo. Se hacen relativamente más caras. Y como eso se lo encargamos al gobierno, pues éste tiene que gastar más, pero como no queremos pagarle más impuestos, pues entonces lo que crece es la deuda. Hasta que ya no se puede pagar, y todo mundo sufre.

Con pensiones es un poco diferente, pero peor. Ahora la gente vive más tiempo, y sufre enfermedades más complejas. El gasto en salud se incrementa (más de lo que indicaría la enfermedad de los costos), y además la pensión tiene que pagarse por más tiempo. Haga una cuenta sencilla: una persona trabaja de los 20 a los 60 años, y luego vive de su pensión hasta los 85. Es decir que con sus 40 de trabajo debe pagarse los 25 de jubilación. Para eso, tendría que ahorrar cerca de 40 por ciento de su ingreso. O bien, pagarlo como impuesto etiquetado para pensiones. Nada de eso ocurre, así que la carga va sobre los jóvenes, a través de impuestos.

Esto no ocurre en México, por el momento. Sí ocurre en los países europeos, y algunos más. Pero en los próximos años esta carga excesiva sobre los gobiernos puede convertirse en un problema global, que va a exigir tomar decisiones. Aunque hay muchas cosas que pueden hacerse, creo que la mejor solución implicará distribuir el costo, lo que significa reducir lo que pagan los jóvenes, a cambio de reducir lo que reciben los viejos. O de forma más genérica, reducir lo que hoy consideramos derechos a montos manejables: limitar la gratuidad de la educación, tener contribuciones en servicios de salud, elevar la edad de pensión y reducir su monto, etcétera.

Todo eso suena feo. La alternativa es peor. Sería bueno irlo discutiendo de una vez.

Twitter: @macariomx

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