Opinión

Evaluarse sí, pero acompañados

 
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Evaluación magisterial

Por Alejandro Ordóñez González.
Co-Director de Participación, Mexicanos Primero.

A partir del sábado 14 de noviembre y hasta el 5 de diciembre, maestros y directores de todo México acudirán a sus sedes para concluir con las últimas etapas de su evaluación del desempeño: el examen de conocimientos y competencias didácticas, la planeación didáctica argumentada y, para el caso de maestros de inglés, un examen complementario de esta lengua.

Ante las amenazas de boicot por parte de algunas cúpulas sindicales, la desinformación que persiste acerca de las consecuencias de la evaluación y la exigencia de las autoridades educativas a evaluarse -so pena de perder su cargo-, es de entender el temor de tantos maestros frente a este proceso (incluso en quienes ‘nada deben’). Esta preocupación aumenta cuando no se ha asegurado que cada docente conozca los beneficios que la evaluación puede traer para su desarrollo profesional: oportunidades de formación continua de acuerdo con sus necesidades, promoción y aumento salarial. Encima, las campañas de los grupos opositores a la evaluación dispersan falsos pronósticos sobre despidos masivos, tema que ni la Secretaría de Educación Pública (SEP), la Comisión Nacional de Servicio Profesional Docente (CNSPD), el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) ni el Gobierno de la República han logrado contrarrestar.

Sin embargo, la Ley del Servicio Profesional Docente es clara: los derechos laborales de los maestros no se trastocan. Las personas que obtuvieron un nombramiento definitivo antes de la entrada en vigor de dicha ley (12 de septiembre de 2013) que no tengan resultados suficientes en tres evaluaciones consecutivas –mediando regularización- serán removidos del aula y reubicados en otra área de la función pública con su salario intacto y las mismas prestaciones. Sólo pueden ser separados del servicio público quienes hayan obtenido un nombramiento posterior a la fecha en cuestión.

Durante la implementación de las pruebas, será obligación ineludible de las autoridades tanto federales como locales resguardar, en toda sede, la integridad de los aplicadores, personal de la SEP, el INEE y la CNSPD, y fundamentalmente de los maestros participantes. Fingir sorpresa ante un boicot será inaceptable. Ni en Guerrero, Chiapas, Michoacán o Oaxaca será válida la usual reacción oficial: posponer y reubicar el examen, a escondidas y sólo con quienes hayan podido haber sido avisados.

Cabe subrayar que esta vez no habrá observadores ciudadanos, como los que han acompañado a los maestros en cada aplicación del examen de ingreso y de promoción. Preocupa que el INEE no los haya convocado para este componente de la evaluación de desempeño, siendo la observación nuestra forma de participar como testigos sociales de un avance en el cumplimiento del derecho, tanto de los niños como de los maestros, que, a su vez, da mayor certeza de la transparencia de los procesos.

Por otro lado, existe un pendiente urgente: la estrategia de formación continua para quienes no obtengan resultados suficientes ya tuvo que haber sido publicada por parte de la SEP. Cada maestro necesita conocer cómo ejercer su derecho a una formación digna, con certeza plena de que ésta no se traducirá en lo que ya abunda: cursos de “capacitación” centralizados, de calidad incierta y con poca relevancia para e impacto en la práctica en el aula. Si los resultados de esta evaluación son similares a otras evaluaciones magisteriales (mayor al 60% con resultado insuficiente), el Estado podría verse rebasado al no haber elaborado un plan de acción oportuno para atender a estos maestros.

En suma, los instrumentos de la evaluación para la permanencia habrán de proporcionar a cada maestro un diagnóstico de las fortalezas y áreas de mejora de sus prácticas, a la vez que atiendan a su derecho a una formación pertinente y relevante para mejorar su quehacer. En respaldo a esa confianza que maestros y directores estarán depositando en las instituciones, en las leyes y en el proceso de evaluación, y en reconocimiento a su compromiso por y para los niños, nos corresponde cuidarlos, defenderlos, y reconocerlos.

Si hoy la exigencia hacia nuestros maestros es alta, mayor debe ser nuestro apoyo para que permanezcan acompañados en un genuino esfuerzo por buscar su máximo desarrollo como profesionales del aprendizaje.

Twitter:@alex_ordnz

www.mexicanosprimero.org

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