Opinión

¿Evaluar educación o militancia?


 
 
Si no fuera por el fondo ideológico en la disputa por la educación, la SEP podría cederles a los maestros el mecanismo de autoevaluación. Las propuestas de la disidencia magisterial de evaluación exigen a los maestros más de 24 horas diarias y ni así se cumpliría con la meta de capacitación.
 
En este sentido, la propuesta de autoevaluación de la Sección XXII -que se presenta como el prototipo para todas las secciones del SNTE, aunque la mayoría no pertenezca a la CNTE- obligaría a los maestros a dejar de hacer marchas y plantones porque su capacitación implicaría, de acuerdo con el Sistema de Evaluación Educativa de la XXII, de noviembre de 2010, una larga lista de tareas que no dejarían tiempo para la militancia callejera:
 
Autoinformes, cuadernos de los estudiantes, cuadernos de campo, secuencias didácticas, cuestionarios, debates, diálogos, diario del maestro, encuestas, ensayos, entrevistas, escalas, exámenes, exposiciones orales, fichas de observación, grabaciones en videos y audios, observación, portafolios de los alumnos, portafolio del docente, rúbricas, seminarios, sistematizaciones, sociodrama, informes de supervisión, opiniones de los estudiantes, docentes y padres de familia, proyectos y archivos electrónicos.
 
Sin embargo, la clave se localiza en la trampa de la autoevaluación. Y ahí la concepción de la Sección XXII diluye cualquier posibilidad de supervisión por la sencilla razón de lo que se ve en la actualidad: la complicidad entre el liderazgo sindical y los maestros. De hecho, la dirección política de la Sección no califica la capacidad intelectual del maestro y su habilidad para enseñar sino la sumisión autoritaria para asistir a las marchas y plantones o no cobrar la quincena. El concepto mismo de autoevaluación que tiene la XXII tiene más fugas que un colador, de acuerdo con su Plan:
 
"Autoevaluación: Es el sujeto quien se convierte en su propio evaluador, se coloca en una actitud observadora y crítica de su propia actuación, y determina cual (sic por falta de acento en el original) fue el desempeño alcanzado durante su aprendizaje. Este paso supone un momento de reflexión sincera en pos de favorecer y de retroalimentar los procesos de enseñanza y de aprendizaje."
 
¿Qué actitud 'observadora y crítica' sincera puede tener un maestro que incumple su función educativa, abandona a los alumnos y va a las marchas con el rostro tapado para evitar que lo identifiquen en sus acciones violentas? Si la complicidad en la violencia y en el abandono de sus tareas carece de un "momento de reflexión sincera", cuando llegue la autoevaluación y la Sección XXII tenga que evaluar a esos maestros que tranquilamente convierten la sinceridad en conductas de complicidad.
 
Al final, autoevaluación es control político de militancia, no una forma de explorar las posibilidades y limitaciones en la preparación educativa de los profesores que han dedicado más horas a las marchas que a la preparación.
 
El gran debate en estos días radica en la exigencia de los maestros de Guerrero y Oaxaca de romper el orden constitucional con su bandera de modificar las leyes estatales de educación y separarse de la Ley General de Educación que establece -artículos 29, 30, 31 y 50, entre otros- y de las recientes reformas a los artículos 3 y 73 constitucionales que refrendaron la exclusividad del Estado para evaluar a los trabajadores de la educación.
 
La propuesta del Sistema de Evaluación Educativa de Oaxaca (SEEO) de la Sección XXII de noviembre de 2010 se convirtió formalmente, en el mismo mes, en el Sistema Estatal de Formación Profesional de los Trabajadores de la Educación (SEFPTEO), sólo que ahora en un documento oficializado por la participación del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO).
 
El sistema propuesto por la XXII establece un concepto de profunda relevancia en la reformulación de la célula en el modelo de la educación pública: la transformación de las escuelas en colectivos-comunitarios, "donde se recupera el mundo de vida de los alumnos, los trabajadores de la educación, padres de familia, autoridades municipales y comunitarias y la sociedad en general". Este colectivo se fija el objetivo, para "preservar y mejorar la escuela pública", y para ello "recuperará y creará teorías pedagógicas y comunitarias para la formación profesional de los trabajadores de la educación del estado de Oaxaca, a fin de posibilidad la formación de sujetos reflexivos, críticos, creativos y solidarios y (sic sintáctica) que hagan posible la vinculación escuela-comunidad-sociedad".
 
El otro principio también tiene nociones políticas e ideológicas: "trabajar bajo los principios de una gestión colectiva, ética y democrática".
 
El problema de la propuesta de la Sección XXII y ahora de la Sección XIV de Guerrero radica no tanto en la apuesta a la autogestión educativa en función de una ideología contraria a la forma republicana, federal y representativa de gobierno, sino a la manera autoritaria de obligar a las instituciones legislativas estatales y federales y oficinas de gobierno a asumirla por la vía de la presión violenta, sin pasar por los mecanismos constitucionales de reformas de leyes estatales y federales.
 
De aprobarse las propuestas de las Secciones XXII y XIV, la educación dejaría de ser pública y federal y pasaría a ser de un grupo y una ideología determinada por el colectivismo. Al convertirse en enfoque único se rompería con el mandato constitucional de una educación democrática, además de que la conformación indígena en Oaxaca es particular.
 
Las reformas legales que pretenden esas secciones conducirían a la balcanización de la educación y por tanto a la creación de zonas exclusivas con diferentes enfoques educativos: una educación con perspectivas universales como la vigente a una educación para un grupo político determinado no por la educación sino por la militancia en torno al cambio social sin pasar por el sistema representativo de mayorías.
 
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