Opinión

Evaluando el primer año de @EPN


 
Como es tradición, una gran cantidad de analistas y periodistas están escribiendo o comentando sus impresiones sobre los logros, errores y desafíos de la administración en turno, emitiendo así una evaluación anual del papel del gobierno federal. La mayoría de los textos y comentarios que he leído o escuchado apuntan a una muy mala evaluación, en la que se destacan la fuerte desaceleración económica del país, la continuación de los “gasolinazos”, el “incremento” del número de muertes relacionadas con la lucha contra el narcotráfico y la aprobación de reformas “al vapor”, cuyos efectos no se han observado.
 
 
En mi opinión, si bien el manejo macroeconómico ha sido parte de las razones por las cuales se ha desacelerado la economía y efectivamente han continuado los aumentos mensuales en los precios de las gasolinas, el número de homicidios relacionados con el narcotráfico ha descendido significativamente (de acuerdo a diferentes fuentes, tanto oficiales, como publicadas por ONG) y la mayoría de las reformas estructurales que se han aprobado son de gran calado, pero toma tiempo ver esos efectos.
 
En cuanto al manejo macroeconómico, considero que hay que destacar dos puntos importantes. El primero es que la tasa de crecimiento del PIB durante un primer año de gobierno está influenciada negativamente por una base de comparación más alta. En otras palabras, aunque “el año de Hidalgo” ya no es lo que era antes, aun así los gobiernos tienden a gastar más que en los anteriores, en preparación para las elecciones. Adicionalmente, en este año en particular esto se combinó con el primer año de una nueva administración, que donde además hubo un cambio de partido político, circunstancia que en nuestro país ha sucedido en muy pocas ocasiones en los últimos cien años. Por otro lado, el segundo tema tiene que ver con la restricción fiscal y el retraso en el pago a proveedores. Como he comentado anteriormente, esto es muy diferente a observar un subejercicio. En este sentido, recordemos que haber perseguido una política de “déficit cero” tenía costos. Sobre todo que el año pasado el déficit fiscal fue de 0.6 puntos del PIB (excluyendo las inversiones de Pemex) y para llegar al cero en ausencia de un aumento de impuestos, esto significó un recorte del gasto de 0.6 puntos del PIB, una restricción fiscal significativa que no habíamos visto en más de una década.
 
Pasando al tema de las reformas, que es justo es tema que creo más relevante, yo pregunto si en los últimos 15 años hubiéramos estado dispuestos a sacrificar 1.5 o 2 puntos del PIB, con tal de que se hubieran aprobado las reformas estructurales que la mayoría de nosotros sabemos que el país necesita para crecer mucho más y de manera sostenible. La pregunta adquiere mayor relevancia si recordamos que el PIB disminuyó más de 4 por ciento en 2009, sin reformas. Yo considero que la respuesta es que sí. Hoy por hoy, la administración del presidente Peña Nieto (@EPN) ha sido capaz de convencer a nuestros legisladores de aprobar nueve reformas estructurales de gran calado en 12 meses, a las que se pueden agregar dos más en las próximas semanas, mientras que en los 20 años que la antecedieron se aprobaron sólo cinco reformas profundas. En mi opinión, cuatro de estas reformas estructurales, la laboral (0.25 por ciento), la fiscal (0.5 por ciento), la financiera (0.75 por ciento) y la energética (1 por ciento), aportarán 2.5 puntos porcentuales al PIB potencial de largo plazo de México en los próximos diez años. Es decir, que en un año donde no hay sorpresas, en lugar de crecer 3 por ciento, se podrá crecer 5.5 por ciento. México será más próspero y generará más empleos y mejor remunerados en los próximos años. Por esto, califico el primer año de esta nueva administración como muy bueno, porque si bien hay cosas que se podrían haber hecho mejor, se está gastando capital político pensando en crecimiento de mediano y largo plazos y no sólo en ganar las próximas elecciones.