Opinión

Eva Hesse, un factor desconocido en el arte es un factor desconocido en la vida


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Eva Hesse

Creo que el arte es una cosa total. Una persona en su totalidad dando una contribución. Es, en esencia, un alma, y eso es de lo que se trata. En mi arte, alma interior y vida son inseparables.
Eva Hesse

Hoy quiero rendir un pequeño homenaje a la artista norteamericana Eva Hesse, quien falleció el 29 de mayo de 1970, con tan sólo 34 años. Mañana se cumplirán 45 años de su muerte.

Eva Hesse es una figura esencial en el arte de la segunda mitad del siglo XX, durante la década de los 60, específicamente en ese momento histórico donde el expresionismo abstracto americano había generado ya un importante movimiento de creadores, críticos y galeristas en todo su territorio. En esos años comenzó a formarse la corriente escultórica del minimalismo, que a pesar de oponerse al expresionismo abstracto, asimiló sus premisas de monumentalidad matérica y gestual. Y en este ambiente dominado principalmente por hombres como Sol Le Witt, Richard Serra, Donald Judd, Claes Oldenburg, una joven artista entrada apenas en sus veintes, Eva Hesse, se inscribía en esta escena desafiando el impecable orden geométrico minimalista.

La familia Hesse llegó a América en 1939, huyendo de la Alemania nazi. Así que Eva, aunque alemana de nacimiento (Hamburgo, 1936), realizó su educación y carrera artística en Estados Unidos. Estudió en la School of Industrial Art de Brooklyn y en la Yale University, donde su maestro fue Josef Albers. Iniciándose primeramente en la pintura y el dibujo, Eva Hesse encontró en la escultura el lenguaje perfecto para concatenar significados, gestos, nuevos materiales como el látex o la fibra de vidrio y los textiles, componentes intrínsecos de lo femenino.

La obra de Eva Hesse desnuda un desorden, un desequilibrio; es una oposición a la inmaculada geometría de esta nueva corriente, pero no como acto de transgresión. Hesse utiliza sus elementos como la neutralidad, la seriación y repetición para después darle un giro inesperado, sensual y misterioso a través del absurdo y el azar.

En su pieza Sequel (1967), sobre una base cuadrada pero irregular, Hesse dispone 100 bolitas de látex - también irregulares - que parecen cáscaras de nuez. El orden no es el elegido por la artista sino por el propio acomodo de las esferas que encuentran en su conjunto el equilibrio. Muy parecida es Schema (1967), donde 144 medias esferas están organizadas en un cuadrángulo, que a primera vista parecen formar una cuadrícula perfecta, no son equidistantes entre sí, haciendo que el orden sea aleatorio, imposible, como si una fuerza externa influyera a las medias esferas al caos.

Una de las obras más famosas de Hesse es Repetition Nineteen III (1968). 19 caprichosos cilindros de fibra de vidrio dispuestos en el suelo, que a pesar de la rigidez de su material, se muestran delicados, hasta blandos, de un precario equilibrio resultante de su maltrecha forma. También en Right After (1969) deja intervenir a la gravedad sobre una maraña de hilo que parece flotar, pero al mismo tiempo puede caer en cualquier momento.

La vida de Eva siempre estuvo marcada por lo difícil de su infancia y lo frágil de su salud física que la llevó a una muerte prematura, después de varias operaciones causadas por un tumor cerebral. La fragilidad es el rasgo más evidente en su obra, pero no está vinculada a la debilidad, sino al cruce de la pretensión de orden estructural con lo real, lo orgánico, lo irracional cotidiano. Es por esto que Eva Hesse es fundamental para la aparición del feminismo en el arte, y también por su actitud con la que se aproxima a la materia y la transforma: la artista dejar ser al material, lo deja actuar por sí mismo, hay un soltar; no vemos el impulso de incidir violenta e industrialmente la materia con el afán de dominarla. Eva Hesse permite que sus esculturas hechas con cuerdas, alambre, hilo, caucho, látex, caigan, se deslicen, se enreden por su peso, que por su estructura se acomoden solas o se destruyan. Hesse acepta que la vida actúe sobre sus objetos, y tenga la última palabra, por eso también llamaba a sus piezas no-works.

Eva Hesse fue una artista de una gran profundidad sicológica, que todo el tiempo afianza el vínculo de arte y vida, del ser artista, mujer artista y lo que eso produce. Sus obras son un constante recordatorio de que el arte, más que una actividad o un objeto producido, es una entidad total.

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