Opinión

Eurovisión, un canto a la identidad y diversidad

1
    

      

Eurovisón 2015 (especial)

Amigo lector, si tiene un tiempo mañana sábado 23 de mayo, lo invito a disfrutar de una especie de final de copa del mundo del canto televisivo llamada Eurovisión. Será testigo de un sentimiento de identidad europea, de una gran fiesta popular con exaltados orgullos nacionales, con miles de fanáticos apoyando a sus países, en un ambiente de libertad y diversidad.

Eurovisión inició sus transmisiones anuales en 1956, lo cual lo hace el concurso popular de música con más antigüedad y probablemente el más importante del mundo. En su 60 aniversario participarán 40 naciones, todas las europeas y algunas de Medio Oriente, África e incluso Australia. La fiesta en Viena, sede de la final, será mayúscula.

Contará con una teleaudiencia de más de 200 millones de espectadores. (La final de Eurovisión es superada por el final de la Copa del Mundo de futbol con 700 millones de teleespectadores, pero rebasa la final de la Champions League y el Super Bowl con 195 y 165 millones, respectivamente.)

Stéphan Sberro, especialista en integración europea del ITAM, me explica que el propósito del concurso ha sido “reunificar Europa con canciones”. Por ejemplo, en 2004 en Estambul, la Unión Europea de Radiodifusión introdujo un logotipo formado por dos emblemas: un corazón que simboliza el alma del concurso —amor y paz entre las naciones— y la bandera nacional del país anfitrión.

Eurovisión tiene una buena dosis de sentimiento de pertenencia a la cultura europea y de rivalidades nacionales. Al igual que en la Copa del Mundo, los despliegues de banderas son enormes. Y al igual que en el futbol, en Eurovisión hay grandes potencias. Irlanda es el líder, con siete campeonatos, seguido de Suecia, Francia, Reino Unido y Luxemburgo, que han ganado cinco certámenes, tres victorias tienen Holanda, Dinamarca, Noruega e Israel, mientras Italia y España tienen dos triunfos.

Evidentemente los irlandeses y los ingleses tienen una ventaja, el idioma. Cada vez más, los participantes de países no angloparlantes interpretan las canciones en inglés. Este es el caso de Alemania, que ha ganado dos veces el concursos y que desde 1997 empezó a interpretar sus canciones en inglés. Incluso, los representantes de Rusia ya tienen varios años utilizando la lengua inglesa. Otros países como España, Italia y Francia siguen utilizando su propio idioma.

Todos los concursos televisivos del mundo como American Idol, Britain´s Got Talent y Cantando por un Sueño, tienen su origen en Eurovisión, el cual se desarrolló a partir del legendario concurso italiano en San Remo. Las cadenas de televisión europeas, muchas de ellas estatales como la BBC de Londres, RTVe de España , France 2 y la RAI de Italia, se pusieron de acuerdo para organizar este concurso que ha sido un enorme éxito, en audiencia, negocio e identidad europea.

Eurovisión, como el Mundial de Futbol, es tomado muy en serio por algunos países pues conlleva un elemento de gloria nacional o poder suave que abona en la imagen externa de la nación ganadora. El país que triunfa se convierte en sede del próximo concurso, lo cual representa una gran derrama en turismo y propaganda. Para países lejanos al corazón geográfico de Europa occidental, como Rusia o Serbia, significa volver a pertenecer al círculo cultural europeo.

Un elemento que ha distinguido al concurso en los últimos años es la diversidad sexual de sus participantes y un ambiente de apertura a las distintas expresiones sexuales. El año pasado, por ejemplo, el ganador del concurso realizado en Copenhague fue el austriaco Conchita Wurst, a quien describiría como un guapo travesti con barba. Hay consenso entre los conocedores del certamen de que el triunfo de Conchita fue una reacción de repudio a las medidas contra la libertad sexual que había impuesto el líder ruso, Vladimir Putin, en la primavera de 2014, criminalizando la homosexualidad.

Conchita logró que el concurso tuviera lugar este año en la bella y musical capital de Austria, Viena. La ciudad de Johann Strauss se ha convertido esta semana en una especie de celebración de la diversidad sexual. Los semáforos peatonales, por ejemplo, en vez del tradicional hombre sólo cruzando la calle, presentan parejas de homosexuales.

Se atribuye a Jean Monnet, el padre fundador de la Unión Europea, la frase “si tuviera que volver a empezar los trabajos de unificación europea, empezaría por la cultura.” La enorme fiesta popular en que se ha convertido Eurovisión evidencia que la cultura es el corazón del proceso de integración y unidad más importante de nuestra era, la Unión Europea con sus 28 miembros.

También te puede interesar:
Nuevo 'impasse' migratorio; México tiene que actuar
México, el Mediterráneo de migrantes
El Estado Islámico, la nueva pesadilla de Occidente