Opinión

¿Europa se convirtió en una colonia de Alemania?

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La canciller alemana Angela Merkel y el primer ministro de Inglaterra, David Cameron. (Bloomberg)

Alemania ha generado liderazgos de gran estatura, especialmente en el periodo de la posguerra. Tras la Segunda Guerra Mundial, Alemania estaba vencida, ocupada, destruida, partida en dos mitades, y era vista con gran desconfianza en toda Europa. Los cancilleres federales alemanes lograron, con paciencia y eficacia, una reconciliación duradera con sus antiguos enemigos, sentar los cimientos de las comunidades europeas e ingresar a la OTAN. Consiguieron insertar rápidamente a la República Federal en Europa Occidental y convertirla en un pilar del proyecto comunitario europeo.

En las décadas que van desde el suicidio de Hitler hasta la actualidad, Alemania ha conseguido transitar del estatus de paria al de potencia hegemónica en Europa. Berlín es la pieza clave del continente una vez más, lo ha conseguido mediante una gran disciplina, constancia y la construcción institucional. Actualmente, la paz y la estabilidad económica europea pasan por y dependen en buena medida de Alemania y ahora se ha hecho aún más claro, tras las crisis desatadas por las ambiciones territoriales de Rusia en Ucrania y el resultado de las elecciones legislativas en Grecia. El poder en Europa ha recaído desde hace algunos años en las manos de una mujer que ejerce un liderazgo discreto, pero firme y de largo aliento. Angela Merkel, es la jefe de Gobierno con mayor antigüedad en Europa. Ha gobernado Alemania desde 2005 y sus críticos la acusan de querer controlar los destinos de los otros 27 miembros de la Unión Europea.

Una de la primeras pruebas del alcance del poder de Angela Merkel fue la crisis de la Eurozona, iniciada en 2010 y aún por resolver. Alemania apostó desde un principio por la austeridad fiscal como la herramienta principal para afrontar la crisis, si bien con el tiempo tuvo que aceptar mecanismos financieros de emergencia y rescates parciales. La posición alemana fue duramente criticada por Washington, el FMI y varios países europeos, pero para 2014 comenzó a rendir frutos, pues la Zona Euro registró un crecimiento muy modesto pero positivo. No obstante, tras el triunfo electoral de la Coalición de Izquierda Radical (SYRIZA) en Grecia el mes pasado, la Eurozona ha vuelto a afrontar dificultades. El nuevo gobierno griego busca renegociar los términos del pago de su deuda, lo que ha producido una volatilidad importante. Alemania, uno de los pocos países en los que la crisis económica no produjo un cambio de gobierno, mantiene una posición inflexible en relación con el pago de la deuda griega y la indispensable frugalidad en el gasto público.

La canciller federal Merkel también ha desplegado cualidades de diplomática consumada en la mediación del conflicto en Ucrania, para lo que le ha sido útil su conocimiento del ruso y de la idiosincrasia soviética de Putin. Ha abogado por la imposición de sanciones económicas a Rusia, pero se ha opuesto terminantemente a la propuesta de varios congresistas estadounidenses de proveer armamento a Ucrania. Merkel sabe que Europa no está preparada para una guerra (en términos políticos o militares) y considera que armar a Kiev no modificará el comportamiento de Rusia y sí echaría a andar una espiral de violencia de consecuencias imprevisibles. Su activismo se hizo patente en su viaje relámpago a Washington y Moscú, así como en la reciente Cumbre de Minsk, en la que junto con los presidentes de Francia, Ucrania y Rusia, logró acordar un cese al fuego entre las fuerzas separatistas prorrusas y el gobierno ucraniano. El acuerdo es frágil, pero constituye un importante primer paso hacia la estabilización en la zona.

El destino de Europa está atado irrevocablemente a Alemania, que ha conseguido después de varias décadas, pero especialmente en la coyuntura actual, que su poderío constituya un baluarte de la paz y el crecimiento. Del éxito de Merkel dependerá en buena medida la continuidad y viabilidad del continente como región estable y próspera, pintarla como la mala de la película no resolverá los problemas electorales de los gobiernos europeos que se resisten a adoptar medidas impopulares, pero necesarias.

Twitter: @lourdesaranda

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