Opinión

Europa resquebrajada

30 enero 2017 5:0
 
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ME Brexit

Después de dos guerras mundiales registradas en el siglo XX (1914-1918 y 1939-1945) que entre diversas naciones, enfrentó entre si a las europeas; estas se reconciliaron en las postguerras, destacó la creación de la Comunidad Económica Europea al amparo del Tratado de Roma de 1953, que fue el inicio de la integración económica más exitosa que se ha registrado en el mundo que derivó a través del Tratado de Maastricht en la Unión Europea (UE), al cual también se integraron sus miembros en el ámbito político. Así, en la UE los países no solo comparten un mercado, también una misma moneda (el primero de enero del 2002 entró en vigor el euro). Los integrantes ejecutan una política Monetaria Única y coordinan sus políticas económicas; en el mercado común se respetan cuatro libertades: circulación de mercancías, servicios, personas y capitales; asimismo, existe una política comercial común respecto a países que no pertenecen al mercado común.

No todos los países de la UE se integraron de inmediato a esta, ha sido un proceso gradual, e incluso, la Gran Bretaña, uno de los líderes en este bloque, nunca aceptó el empleo del euro y la política monetaria única.

La caída del Muro de Berlín (muralla de 155 km. de extensión) el 9 de noviembre de 1989 que había partido en dos a la actual capital germana y que durante 28 años se convirtió en el símbolo de la división del pueblo alemán durante la Guerra Fría y, la disolución de la Unión Soviética, que desintegró las estructuras políticas federales y el gobierno Central de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que culminó con la independencia de las 15 Repúblicas de la Unión Soviética, entre el 11 de marzo de 1990 y el 25 de diciembre de 1991, que marcó el fin de la Guerra Fría, fortalecieron la conformación de la UE con la membrecía de ese bloque exsocialista.

Ciertamente, el líder ruso Mijael Gorbachov inició un proceso de apertura política (glasnot) y de reestructuración económica, (perestroika) en el que había sido un Estado totalitario, que marcaron un nuevo derrotero, no solo para Europa, sino para el mundo.

El mundo idílico que se conformó en la UE se ha desvanecido poco a poco en la última década por varios factores, entre los que destacan: la migración de grandes flujos incontrolados de musulmanes del Medio Oriente y de otras regiones que no se integran a la cultura europea o son rechazados por esta (islamofobia); la euroesclerosis, estancamiento de la economía, en virtud de políticas económicas inadecuadas, centradas en proteger a los intereses de las elites y que junto a la crisis financiera mundial del 2008-2009, deterioraron significativamente las condiciones privilegiadas de vida que tenían los europeos.

Por otra parte, el Brexit, salida de Gran Bretaña de la UE, confirmó una tendencia que se experimenta en la UE por buscar caminos de integración económica sin la presión de los flujos migratorios, no solo provenientes de países islámicos, sino también de los integrantes del propio bloque de la UE, por ejemplo de Polonia, España, Rumania, entre otros, hacia Gran Bretaña y que después del anuncio de esta última de su salida de la UE, empezó a provocar conductas racistas contra las minorías, que suman millones de personas que residen en Gran Bretaña desde muchos años atrás.

El rechazo de los europeos a las minorías étnicas o religiosas no es nuevo, se remonta a la década de los sesentas y setentas cuando las empresas de Alemania afrontaron una importante escases de mano de obra no calificada, barata, la empezaron a importar de manera temporal de Turquía, que desde entonces enfrentó problemas de integración a una cultura diferente, un colectivo que ha reivindicando su manera singular de vida y denunciado sentirse discriminado. Del total de la población de Alemania, 85 millones de habitantes, 5 millones declaran ser musulmanes, dos tercios traza sus orígenes familiares en Turquía y otras minorías procedentes de Pakistán, Irán y la antigua Yugoeslavia.

En el presente 2 millones de alemanes son de ascendencia turca, junto a 1.5 millones de ciudadanos turcos residentes en Alemania. Durante los últimos 3 lustros, la segunda y tercera generación han mostrado avance en su integración a la sociedad local, empero, el resto de los musulmanes, siguen siendo un grupo estigmatizado en la sociedad alemana. Paralelamente han surgido grupos nacionalistas neonazis xenófobos que se han erigido en defensores de los valores alemanes y han desafiado a las minorías musulmanas.

Hoy día una parte importante de los europeos se siente decepcionada de la UE por que esta última no ha cumplido sus principales promesas de bienestar, democracia y paz. La crisis económica y financiera que se experimenta en el Continente ha producido profundas heridas en la ciudadanía; el entorno se ha complicado con la afluencia de cientos de miles de refugiados y migrantes, con ello la paz social y la seguridad se han vuelto frágiles; los atentados terroristas realizados por musulmanes radicales, parte de ellos atribuidos a militantes entrenados en Siria, que se han infiltrado entre los migrantes y los acontecimientos bélicos en Ucrania, auspiciados por Rusia han alarmado a los gobiernos europeos, quienes han perdido control de la situación. Frente a quienes vociferan fuera de la UE, aún no tienen claro que pasará tras la salida de los países de esta y, menos de una hipotética disolución de la UE.

A raíz del shock provocado por la salida del Reino Unido de la UE se ha registrado un preocupante auge de los populismos con partidos antieuropeos, ganando cada vez mayor representación política y cuotas de poder; se está observando que el ciudadano de a pie percibe una serie de amenazas en el horizonte sobre la utilidad de la integración europea, deslegitimizando el proceso así como de su gobernabilidad.

El ambiente de disgregación política es consecuencia de años de crisis económica y de respuestas inefectivas a las necesidades reales de la gente; por lo demás, es evidente la incapacidad de los Estados miembros de la UE de coordinar sus políticas exteriores y de seguridad interior.

Con los incesantes flujos de migrantes “se han perdido un gran número de vidas y siguen en juego la existencia y el bienestar de miles de personas; la crisis de asilo y refugio ha puesto contra las cuerdas a las instituciones y los gobiernos europeos, su incapacidad para actuar ha sido manifiesta; carecen de mecanismos adecuados para gestionar humanitariamente el creciente flujo de migrantes; se han dividido respecto a las medidas que deben de tomar y frecuentemente han actuado contraviniendo los valores éticos y los principios en los que se sustenta el proyecto europeo”.

Al mismo tiempo está en entredicho la identidad europea. “La amenaza yihadista, y las actitudes autoritarias de Putin o Erdogan, los miles de ahogados en el Mediterráneo, el auge del populismo Xenófobo y la falta de crecimiento económico, todos estos problemas tienen un elemento común que los vincula: la falta de liderazgo y propósitos y el agotamiento de las lealtades y solidaridad compartida con las cuales el proyecto europeo no se puede sostener”.

La perspectiva para que Europa retome la senda del crecimiento también está amenazada por el ascenso de Donald Trump a la presidencia de EUA cuya política exterior anunciada “pone en jaque el orden liberal global”; la arquitectura mundial se ve amenazada por el cuestionamiento de Donald Trump a las alianzas que han sustentado el poder geopolítico de EUA como la OTAN, y su consideración de obsoleto a el sistema de libre comercio internacional.

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