Opinión

Europa en la cuerda floja

15 agosto 2016 5:0
 
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Brexit

Europa se desmorona ante la sordera de sus gobernantes que no hacen caso a las demandas de la población y ante la creciente corriente de inmigrantes musulmanes que niegan y enfrentan los valores cristianos del espíritu europeo que han sido los pilares de la democracia del Continente. El entorno se ha agravado por que muchos funcionarios públicos, empresarios y banqueros han dilapidado los recursos de los erarios, y de sus propias empresas y bancos; la corrupción es un fenómeno que cobra fuerza en Europa.

El ambiente que prevalece en el Viejo Continente es caldo de cultivo para el fortalecimiento de los partidos de ultraderecha en varias naciones del mismo, es el caso particular de Francia en donde los atentados terroristas de los radicales islámicos han puesto en jaque la estabilidad social y evidenciado la ineficiencia de las políticas del gobierno para combatir el terrorismo que ha aumentado de manera alarmante y con ello la posibilidad de que Marin Le Pen, líder de la ultraderecha pueda ganar las próximas elecciones presidenciales del 2017. Existe la percepción entre los franceses de que el Ejecutivo podría haber hecho más en la lucha contra el terrorismo; ciertamente, al día siguiente de la matanza terrorista en la ciudad de Niza (14 de julio) el periódico Le Figaro realizó un sondeo entre la población que indicó que 67.0% de los franceses no confían en el gobierno para proteger a los civiles. Asimismo, el Brexit de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE) es otro recordatorio de que las elites se han olvidado de las demandas de sus gobernados. También en EUA la aparición de Donald Trump en el escenario de las elecciones presidenciales de noviembre y su gran popularidad entre una parte importante de los votantes; refleja un proceso de descomposición de la sociedad estadounidense similar al de Europa.

En este ámbito, la expectativa de un incremento sustancial de los atentados yihadistas en Europa en el futuro próximo, podría acelerar el proceso de inestabilidad en la misma. En el periódico español El País, en su edición del 7 de agosto pasado, los periodistas N Sancha y R González apuntan que el Califato del Estado Islámico (EI) está en entredicho, en virtud de la reciente ofensiva militar internacional que está cuarteando su poder político después de dos años de su expansión. Los periodistas consignan que el EI ha perdido ya más de la mitad del territorio que controlaba y ha visto reducir considerablemente sus efectivos y recursos. En estas condiciones; el grupo terrorista tiene cada vez más dificultades para gobernar las poblaciones que controla. La respuesta del EI, que podría pasar a la clandestinidad, es perpetrar más atentados y elevar a sus simpatizantes al rango de “combatientes sin necesidad de pasar por el campo de batalla”.

La inconformidad y las protestas de la población de Europa contra sus líderes no son nuevas; 1968 marcó un parte aguas de la necesidad de modificar el statu quo. Las protestas estudiantiles de mayo y junio de 1968 en Francia, iniciadas por organizaciones de izquierda contrarias a la sociedad de consumo, a las que posteriormente se unieron grupos de obreros industriales, sindicatos y el Partido Comunista Francés. Como resultado tuvo lugar la mayor huelga general de la historia de Francia y posiblemente de Europa Occidental, integrada por más de nueve millones de trabajadores.

La magnitud de las protestas no habría sido prevista por el gobierno francés y puso “contra las cuerdas” a la administración de Charles De Gaulle, que llegó a temer un levantamiento de carácter revolucionario. Las protestas prácticamente finalizaron cuando De Gaulle anunció elecciones anticipadas que tuvieron lugar el 23 y 30 de junio. La inconformidad estudiantil se extendió a Alemania Federal, Suiza, España, México, Argentina, Uruguay, EUA, Checoslovaquia e Italia.
El partido de De Gaulle y sus aliados ganaron las elecciones, empero, siguió siendo muy criticado y considerado como una figura anclada en el pasado; finalmente renunció a la Presidencia casi un año después de los eventos de mayo de 1968. Se produjeron algunas reformas, sobre todo a partir de 1969, sin embargo, la conflictividad laboral se ha arrastrado hasta nuestros días; recientemente, por enésima vez los franceses salieron a las calles para repudiar a la Nueva Ley Laboral; así, desde una perspectiva laboral y cultural las protestas de mayo de 1968 se convirtieron en un mito, “como la última gran revolución romántica en busca de la libertad individual y social, un movimiento social de tipo anárquico”. El hecho es que la problemática social sigue vigente en Europa, ahora profundizada por el estancamiento económico desde la crisis financiera mundial del 2008-2009 y la reconquista árabe de Europa, donde viven 55 millones de musulmanes, una gran parte de ellos arraigados en la Saharia (Ley Islámica), negándose a integrarse a Occidente y una minoría de radicales que propagan la Yihad (la Guerra Santa) que ha detonado una violencia inaudita para crear un Califato en el Continente, cabe mencionar que tan solo en Francia existen más de dos mil mezquitas y madrazas (centros de enseñanza religiosa del Islam).

A su vez en el mundo árabe surgieron entre el 2011 y el 2013 una serie de manifestaciones populares demandando cambios democráticos y respeto a los derechos humanos, la denominada Primavera Árabe, que dejaron como resultado un cambio en la configuración del Medio Oriente, empero, que desde entonces las crisis internas se han escalonado y no se resolvieron los problemas estructurales de sus economías: falta de crecimiento, elevadas tasas de desempleo, corrupción endémica generalizada, amplias desigualdades sociales, gobiernos despóticos sin legitimidad democrática, entre otros. Solo se substituyeron regímenes dictatoriales por otros de igual símbolo, que se manifestaron contra el dominio de EUA y contra Israel y que favorecieron, en el plano político, al eje de la resistencia conformada por Irán y Siria, y en el interestatal, por los grupos terroristas de Hesbolla y Hamas.

Como conclusión, en Europa se desvanece un proyecto de integración sin precedentes; la respuesta de sus instituciones y gobiernos han enfrentado tensiones y desafíos para los que no estaba diseñada. El debate, carente de autocrítica, ha llevado al euroescepticismo y ha dado impulso a movimientos nacionalistas y antieuropeos; “los europeos ya no pueden jactarse de ser la vanguardia de la civilización y ejemplo en el respeto a los diferentes y la defensa de los derechos ciudadanos; si quieren recuperar su narrativa tendrán que hacerlo a partir de un mensaje de compromiso con la construcción europea”. Una Europa integrada, más atenta a los ciudadanos podrá enfrentar mejor a los desafíos de la globalización.

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