Opinión

Europa aprende malas lecciones

The Financial Times publicó recientemente un artículo sobre la doctrina emergente de “Draghinomía”, que se parece mucho a la Blanchardnomía, que se parece bastante a la Krugmanomía. ¡Vamos!, todos estudiamos macroeconomía en el MIT a mediados de la década de 1970.

Pero me impactó esta parte: “Otra autoridad sénior de la eurozona que asistió al foro italiano que reúne a hacedores de política, empresarios y académicos dijo: ‘Las reformas estructurales son clave. Los países que han hecho estos esfuerzos están teniendo mejor desempeño: Irlanda, España y Portugal. Italia y Francia deberían pensar un poco en esto’”.

Sí, claro, España ofrece una lección útil para Francia.

Para los que no formamos parte del culto a la reforma estructural, la historia de España es esta: el país experimentó una depresión a plena escala cuando estalló su burbuja de vivienda. Esta depresión ha llevado a una gradual y dolorosa “devaluación interna” conforme los costos laborales se han achicado, haciendo que España sea más competitiva respecto al resto de Europa. Como resultado, España finalmente está empezando una ligera recuperación, con una tasa de crecimiento en los últimos trimestres (pero sólo en los últimos) más alta que la de Francia.

Verlo como un triunfo de la reforma estructural requiere preconceptos tan fuertes que se dificulta ver siquiera por qué alguien se molestaría en analizar los datos.

Repitiendo la década de 1930

Cuando golpeó la crisis económica de 2008, cualquiera que supiera incluso un poco de historia tenía pesadillas con que se repitiera la década de 1930; no solo la profundidad de la Depresión, sino la espiral política descendente hacia dictaduras y guerra.

Pero esta ocasión fue distinta: la crisis bancaria fue contenida, el desplome en la producción y el empleo se niveló, y la cultura política democrática de la Europa moderna demostró ser más resistente que la de los años entre guerras.

¡Peligro fuera!

¡O quizás no! En términos de economía, una respuesta efectiva a la crisis fue seguida por un equivocado giro a la austeridad y, en Europa, por una combinación de mala política monetaria con un sistema monetario que de ciertas formas está resultando peor que el estándar oro. El resultado es que mientras que los primeros años de la crisis fueron mucho mejores que la década de 1930, en este punto el desempeño económico de Europa de hecho es peor que en 1935.

Y el paisaje político se está erosionando. Una nación europea (Hungría) ya ha alcanzado el punto en que su líder está declarando abiertamente su intención de poner fin a la democracia liberal; gracias a la austeridad, partidos extremistas están ganando terreno en las elecciones, con Suecia (que desperdició su éxito inicial) siendo el último horror; y, por supuesto, los movimientos separatistas están espantando a todos.

Seguimos sin estar ni remotamente cerca de la década de 1930 en términos políticos. Pero empezamos a preguntarnos si la autocomplacencia por el manejo político de la Depresión 2.0 eventualmente se verá tan insensata como el optimismo económico de hace pocos años.

Twitter: @NYTimeskrugman