Opinión

EU y México: se voltean los papeles


 
 
En la relación energética entre México y Estados Unidos, se están invirtiendo los papeles.
 
Esta semana se anunció la licitación del tramo más largo del ducto que conectará Reynosa, en Tamaulipas, con Apaseo el Alto, en Guanajuato, y que se conoce como el proyecto de Los Ramones.
 
El propósito fundamental de ese proyecto, cuyo costo total rondará los 2,500 millones de dólares, es aprovechar el bajo precio del gas en Estados Unidos, y especialmente en el estado de Texas, para emplearlo en la industria mexicana desde Tamaulipas y Nuevo León hasta Querétaro.
 
Sólo como acotación, el precio de referencia para exportación en ducto en Texas anda en poco más de 4.30 dólares por millón de BTU.
 
El precio acordado por CFE con la empresa suiza Trafigura, para la importación de gas natural licuado, estará al menos en 16.16 dólares.
 
En otras palabras, por falta de una adecuada infraestructura de ductos, pagamos precios casi 4 veces más caros para el gas natural.
 
Y resulta que este energético es el principal insumo para producir electricidad en México, así que tiene una repercusión en todo el aparato productivo.
 
El proyecto para la construcción de este ducto viene al menos desde 2011. Durante la administración anterior se diseñó un esquema que triangulaba la construcción del ducto para que una filial de PMI se quedara con 50% y una empresa privada con la otra parte, esquema que no operó.
 
Total, el asunto no ha caminado. Y finalmente esta semana, la empresa a cargo de Emilio Lozoya le ha dado un fuerte empujón que pretende que, a más tardar, el 15 de agosto ya esté el fallo de una licitación formal y directa, y no mediante esquemas extraños.
 
Casi al mismo tiempo que se lanzaba el proyecto, la Agencia Internacional de Energía revisó sus estimaciones y considera que Estados Unidos bien podría convertirse en exportador neto de hidrocarburos en un plazo de 5 años.
 
El crecimiento más importante a nivel mundial de la oferta de hidrocarburos provendrá de la expansión norteamericana, específicamente, derivado del shale oil y el shale gas obtenidos con las técnicas de 'fracking'.
 
Esto garantiza precios del gas relativamente bajos por un tiempo largo. Quizás puedan aumentar respecto de los actuales y subir en un par de dólares o poco más, pero seguirá siendo uno de los combustibles más baratos del mundo.
 
Coincidentemente, al tiempo que la AIE presentaba su perspectiva de medio año, la Administración de Información de Energía del gobierno estadounidense, presentó un estudio en el que refirió que el porcentaje de crudo que importa de México cayó de 16% en 2003 a 11% en 2012, como resultado de la caída de nuestra producción.
 
No estamos condenados a convertirnos en importadores de crudo (pues ya lo somos de gas y gasolinas), pero al paso que vamos se van a invertir los papeles. Estados Unidos va a ser la potencia petrolera y nosotros sus compradores.
 
Regreso al ducto
 
Si todas las cosas salen bien y la reforma energética que se discuta en la última parte de este año logra impulsar la inversión en el sector petrolero y de gas, probablemente se tengan resultados en producción a la vuelta de tres o 4 años, en el mejor de los casos. Ésos son los tiempos de esta industria que dejamos que languideciera en el país.
 
Para aprovechar una ventaja competitiva crucial para la manufactura mexicana, se requiere que pronto podamos consumir un gas de 4 y no de 15 dólares.
 
De hecho, hay empresas que ya no quisieron esperar e hicieron su 'reforma energética'. Alfa, la empresa que encabeza Armando Garza Sada, mediante su filial Newpek, produjo en Texas 6,500 barriles al día de petróleo equivalente y tuvo ingresos de 30 millones de dólares, 46% más que en el mismo trimestre del año pasado. Ya quisiera Pemex estos crecimientos.
 
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