Opinión

¿Estresado con
sus finanzas?
Es bueno, pero no tanto

A nivel ejecutivo, se han llevado a cabo mediciones en donde se encuentra que el estrés eleva la productividad hasta cierto límite y luego empieza a reducir la efectividad en forma considerable. ¿Cómo podemos solucionarlo en el ámbito de la administración personal?

Sin miedo a equivocarme, podríamos estar de acuerdo en que relajarse en demasía conduce a un fenómeno de exceso de confianza que puede hacernos menos eficientes en la toma de decisiones.

Sin embargo, en contrapartida, los neurólogos han encontrado que los estímulos estresantes provocan angustia y miedo, e incapacitan al sujeto para tomar cualquier resolución. Por eso literalmente nos paralizamos bajo ese tipo de circunstancias.

En el entorno de las finanzas familiares sucede algo parecido, pues es importante un cierto nivel de preocupación que conduzca a la acción de tres elementos básicos: medición, corrección y prevención.

El punto central es actuar pre-ocupado en el verdadero sentido de la palabra: “ocuparse en forma anticipada”; es decir, mediante un diagnóstico de las finanzas que nos permitan identificar los puntos vulnerables para llevar a cabo una corrección antes de que sea grave. De esa manera es factible reducir gastos o reestructurar deudas sin un costo tan alto.

La desesperación es una mala asesora y cuando se tiene el agua hasta el cuello se corre el riesgo de cometer más errores.

Asimismo, el análisis nos permite estimar los requerimientos futuros o posibles contingencias que son susceptibles de ser cubiertas en la medida en que utilice las herramientas básicas de prevención como son el ahorro y los seguros.

Ahora bien, en ocasiones el estrés proviene de razones injustificadas. El ser humano es el único ser vivo angustiado por cosas que aún no han sucedido. Efectivamente, podemos observar a un animal estresado por una amenaza que considera real, pero el hombre en su capacidad de imaginar el futuro, podría llegar a niveles de ansiedad que es en donde se toman las malas resoluciones. Por eso, el diagnóstico nos aclara mucho el panorama.

Hay otros sentimientos negativos como el egoísmo, la envidia o la avaricia que también generan estrés y nos conducen a equivocaciones tan serias como la quiebra financiera. Estos temas entran al terreno de la inteligencia emocional que es un factor fundamental para tomar decisiones acertadas y vale la pena abordarlo con más detalle en este espacio.

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