Opinión

Estrategias cruzadas

 
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Vázquez Mota

Con el inicio de las campañas electorales, el tema de las alianzas abiertas o encubiertas juega un papel fundamental a la hora de definir los apoyos que uno u otro candidato puede tener. Y en el Estado de México, la elección más importante de la temporada, los acuerdos políticos rompen la lógica partidista de manera significativa. El PRI, con el Verde, Nueva Alianza y Encuentro Social sabe bien que en una competencia cerrada como esta una coalición simple no es suficiente para ganar, en el marco de un enorme desgaste producido por años donde la entidad no ha podido resolver su problemática de seguridad ni de competitividad económica, a pesar de contar con los recursos económicos y humanos para conseguirlo.

Es por ello que el PRI y sus apoyos en el gobierno federal buscaron insistentemente evitar la alianza PAN-PRD que le hubiese dado una ventaja significativa a su abanderado, simplemente por el amplio espectro electoral que la coalición hubiese representado. Pero las pugnas internas en la izquierda y una acertada política de cooptación por parte del gobierno federal hicieron que el PRD abandonara la idea de la alianza y optara por un candidato no competitivo, en una estrategia que en la práctica divide al partido en el Estado de México en tres segmentos electorales.

El primero es el encabezado por Alternativa Democrática Nacional con el candidato Juan Zepeda y cuyo objetivo es obtener la mayor cantidad de votos en la zona oriente del estado y así reducir la fuerza de López Obrador y su candidata Delfina Gómez en las áreas donde más fuerza ciudadana posee, lo que sin duda beneficiaría a los otros grandes candidatos, principalmente al priista. Por su parte, el sector derrotado al interior del PRD, que fue sin duda Nueva Izquierda y aliados, quienes además de no poder sostener la alianza con el PAN tampoco contaron con el apoyo suficiente para imponer un candidato propio a la gubernatura, estarían comprometidos en apoyar a Vázquez Mota a cambio del fortalecimiento de la opción aliancista para 2018.

Y finalmente el tercer sector dentro del PRD es aquel que a pesar del abandono de la fracción lopezobradorista en el Senado, sigue pensando que el partido debe apoyar al tabasqueño en la presidencial y que por lo tanto hay que fortalecer su posición votando por Delfina en el Estado de México. Esta división a tercios hace que el Partido de la Revolución Democrática se convierta más en un instrumento de negociación partidaria que en una institución cuyo objetivo primordial sea la obtención del poder. Sin embargo, de la efectividad con la que cada una de las tres facciones opere su estrategia dependerá el resultado final de la elección mexiquense.

En lo que priistas y panistas coinciden es en la necesidad de que la competencia se centre en sus dos candidatos para dejar atrás a Delfina, y con ello reducir la presencia de Morena y López Obrador en el Estado de México. Es este escenario un ensayo similar al que podría producirse en 2018, en donde por supuesto tanto priistas como panistas y sus respectivas alianzas abiertas y veladas disputarían ferozmente la presidencia de la República, pero donde el común denominador sería la necesidad de tener al candidato de Morena en un lejano tercer lugar por el riesgo que significa para sus proyectos de gobierno a mediano y largo plazos, el retorno al poder del nacionalismo revolucionario que pregona Andrés Manuel.

Para que los cruces de las alianzas electorales funcionen se requiere de una refinada ingeniería electoral capaz de movilizar el voto de sus respectivos segmentos de votantes, y al mismo tiempo generar la expectativa de que el triunfo de su candidato es posible. Está difícil.

Twitter: @ezshabot

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