Opinión

Estos texanos ya saben qué pedir a México en el TLCAN

 
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Texanos. (Especial)

Estamos a una semana y la posibilidad de que el TLCAN se rompa por un berrinche presidencial luce ya francamente lejana. Los texanos, estos rudos y poderosos personajes, quieren negociar con México y quitar a Washington al menos una rienda en la negociación que iniciará el 16 de este mes.

Los conozco. No sé cuántas veces vi esas calcomanías pegadas en la defensa o en la ventanilla de camionetas que circulaban durante los noventa en la zona fronteriza: “Don’t mess with Texas”, advertían los pegotes. Aludían en realidad a una campaña para no tirar basura en las calles, so pena de pagar una multa al estado. Pero para los mexicanos que cruzábamos con frecuencia en esos días la frontera, el mensaje viraba en una suerte de advertencia territorial: “No te metas con Texas”.

He seguido a Christi Craddick, cuya ambición la convierte en una especie de oráculo respecto al futuro de las negociaciones del TLCAN. Sus argumentos me dieron bases para apostar a que el BAT o Border Ajustment Tax nunca avanzaría, lo que sería confirmado apenas unos meses después de escribir ese artículo.

Esta pragmática católica, abogada graduada por la Universidad de Texas en Austin, desde 2012 preside la autoridad responsable de regular todos los ductos de petróleo y derivados que cruzan su estado: la poderosa Railroad Commision of Texas (RCT).

Ella se opone abiertamente a que la lejana visión de la Casa Blanca se imponga en las negociaciones de un tratado que se siente en las fronteras. Avizora un futuro cercano en el que su estado venderá mucho más gas a México y no quiere interrupción alguna en lo que luce como la apertura de una ventana de oportunidades: la factible inclusión del sector energético mexicano en las posibles nuevas reglas del TLCAN.
A nombre de la industria petrolera de su estado, Craddick pide tres ajustes a ese documento:

Uno. “Nuestras políticas y prácticas no están armonizadas más allá de las líneas fronterizas. Un TLCAN revisado nos permitiría coordinar la ubicación y establecimiento de futuros proyectos y desarrollar un marco regulatorio para administrar la distribución de energía a lo largo de Norteamérica. Como un reconocido líder en esta área, Texas puede influir los estándares que se establezcan”, escribió en un artículo publicado en el Austin American Statesman, un medio texano.

Craddick destaca los cambios constitucionales de 2013 que permitieron la inversión privada multinacional en el sector energético mexicano, pero reconoce vulnerabilidades. Por eso:

Dos. “Parece que vendrán (más) inversiones en el futuro, pero su estabilidad de largo plazo será incierta hasta que el TLCAN sea revisado para proteger explícitamente a los inversionistas en Norteamérica”, expuso la lideresa de la RCT.

Y tres: “Hemos trabajado con expertos de la industria para desarrollar las mejores prácticas alrededor de la extracción y distribución de recursos naturales para asegurar la salud pública y del ambiente. Estos estándares deben estar contenidos en cualquier acuerdo futuro, junto con un mecanismo para procurar la protección que establece el tratado en ambos lados de la frontera”.

Los estadounidenses saben que aquí hay negocio.

“Arrendamientos para la perforación en las costas mexicanas atraerán inversiones por 34 mil millones de dólares durante los próximos 35 años”, expuso Craddick en un artículo previo. La semana pasada, otra mujer, Debra Reed, presidenta de la californiana Sempra, destacó que su filial mexicana, IEnova, detectó 45 mil millones de dólares en oportunidades potenciales hacia 2025, para proveer servicios de transportación de combustibles en el país.

Los texanos tienen una economía que triplica la de Ohio y es seis veces más grande que la de Wisconsin, en donde el presidente Donald Trump tiene su base de seguidores. Esa enorme economía de 1.6 billones de dólares pesará la próxima semana que inicien las negociaciones del TLCAN.

Los mexicanos tienen en los hidrocarburos una valiosa moneda de cambio para abrir el sector alimenticio y financiero estadounidense, sectores que interesan de manera particular a los connacionales, a decir de las prioridades que ya estableció por escrito la Secretaría de Economía para el histórico proceso que viene.

Twitter: @ruiztorre

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