Opinión

Estilo soviético

La grave situación por la que atraviesa Ucrania representa la expresión más cruda, incluso beligerante, de dos visiones post Guerra Fría.

En muchas de las exrepúblicas soviéticas en la etapa final de la URSS y en el inicio de su historia como “independientes”, se vivía un creciente espíritu pro-Occidente. Nuevas generaciones y jóvenes que buscaban ansiosamente salir de sus países, o reconstruir el rumbo de sus naciones hacia modelos más europeos. Repúblicas democráticas, con congresos y partidos múltiples donde se viviera una auténtica democracia, con libertades y derechos garantizados. A pesar de que en 20 años el camino ha sido largo y complejo para muchos de esos países, algunos han logrado en mayor o menor medida acercarse a construir instituciones democráticas. Estonia y su cercanía a los países nórdicos destaca en esta lista, mientras que todas las demás ex repúblicas soviéticas -15 en total- han tenido que vivir bajo la influencia y la firme política energética de Moscú. Cuando la URSS se desintegra en aquel inolvidable 1991, los líderes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia decretan la desaparición formal de la Unión y la creación de una entelequia llamada CEI (Comunidad de Estados Independientes). No era otra cosa que un organismo sustituto para reemplazar al Pacto de Varsovia, o en otras palabras, la organización mediante la cual Moscú mantenía presión sobre la antigua esfera soviética: Polonia, Alemania Democrática, Rumania, Hungría, Checoslovaquia. Desaparecida la URSS, varias exrepúblicas desconfiaron del inicial tono “democrático”, respetuoso y diplomático de Moscú y corrieron a solicitar su entrada a la OTAN – la antípoda del Pacto de Varsovia- y años después, su inclusión a la Unión Europea. La lógica post soviética para esas naciones era que mientras más cerca estuvieran de Europa y de EU, Moscú se vería forzado a frenar su eterno ánimo imperial y colonialista.

Ucrania fue de los primeros en convertirse en socio de la OTAN, en momentos en que Rusia estaba más concentrada en problemas internos. Con Putin al mando desde que Yeltsin fue literalmente hecho a un lado, los intentos de Moscú por recuperar la influencia de antaño han sometido por vía económica –créditos y financiamiento- por vía energética –gas y petróleo- o por vía militar –ofensiva contra Georgia en 2008- a los países que fueron parte de la URSS.

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