Opinión

Estereotipos de género (segunda parte)

 
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Roles de género (Especial)

Las categorías de género, masculino-femenino, parecen irreconciliables en la vida cotidiana. O se es un hombre muy masculino o una mujer muy femenina. Son también clasificaciones basadas en actividades excluyentes: si es cuidadora, no puede ganar tanto dinero. Si es competitivo y trabajador, no será hábil cuidando de la casa y de sus hijos.

Esta oposición de roles dificulta el equilibrio. Las expectativas sociales se manifiestan en ideales masculinos y femeninos que quizá no elegiríamos si desde niños se nos diera la oportunidad.

Muchos hombres dicen que “no deberían llorar como niñita”, o justifican su emotividad diciendo que parecen mujeres, que se ponen hormonales una vez al mes. Otros están angustiados porque deben ser machos, fuertes y traer el sustento al hogar o su identidad de hombres se desdibujará y serán juzgados.

Bruno está cansado de verse a sí mismo como un caballero de armadura, siempre listo para salir a toda velocidad al rescate de su mujer cuando ella tiene un problema. Hace mucho tiempo y como parte de su historia familiar, él decidió ser el salvador universal de las que han sido sus parejas y también de algunos amigos en desgracia. Siempre ha elegido resolverle la vida a los otros y, por supuesto que, en este esquema de vida, tiene poco tiempo para las cosas personales y para algunos placeres solitarios. Siempre vigilante, atento, eficaz, asertivo, Bruno el incansable, está cansado.

La deconstrucción de los estereotipos de género también beneficia a los hombres, abriendo la opción de elegir qué tan masculinos o femeninos quieren ser. Porque fueron criados en su mayoría y desde muy pequeños para ser fuertes, protectores, para saberse defender. A pocos les enseñaron a realizar labores domésticas. En healthguidance.org hay una lista de las actividades estereotipadas que se supone les gustan pero, sobre todo, les corresponden a los hombres: les gusta arreglar coches, hacer el trabajo sucio como construir o reparar, no saben hacer el trabajo de la casa ni cuidar niños, les gustan los videojuegos, hacen deporte, adoran acampar, pescar, escalar, estar al mando, decirles a las mujeres lo que tienen que hacer y suelen ser flojos y desordenados.

Muchos hombres no corresponden casi en nada a esta descripción. Cuando estereotipamos olvidamos el valor de la individualidad, porque ninguna lista ni definición puede aplicarse a cada una de las personas.
En mi círculo profesional y personal conozco hombres cuyas identidades están mucho más cerca de lo femenino y que se cuestionan si salirse de la norma y de lo esperado será lo mejor. La narrativa de cómo debe ser un hombre resulta de la suma de sus características físicas más los mensajes familiares, escolares y sociales.

Será muy difícil que los hombres se vuelvan mejores cuidadores de niños si la ley no los protege con licencias de paternidad. En Suecia dicha licencia dura 480 días y debe ser repartida entre el padre y la madre, y es efectiva durante los primeros 8 años de vida del hijo. Suecia está a años luz de México, pero no por eso debe dejar de decirse que las estructuras laborales tampoco favorecen la igualdad.

Juan siempre se queda con ganas de decir “te quiero”, de dar abrazos y ser abiertamente cariñoso. Vive desde hace siete años con una mujer que se describe a sí misma como “el hombre de la relación”, porque es fría y poco detallista. Juan es quien se acuerda de los aniversarios y quien buscar tomarla de la mano para caminar por la calle.

Mario creció en una familia en la que la madre tenía la autoridad. Desde muy pequeño comprendió que tenía que obedecer y tratar de complacer a una madre dura y exigente. Se sometió e intentó hacerla feliz, aunque casi nunca lo logró. ¿En dónde colocamos esta historia en el marco de un patriarcado feroz en el que los hombres siempre dominan y apabullan a las mujeres? ¿Estoy afirmando que el patriarcado no existe? No, sólo pienso que no debemos olvidar que existen personas como Mario y su madre.

Las mujeres también pueden volverse condescendientes con los hombres y decirles que son inútiles en casa, que no cuidan bien a los niños, que compran mal la despensa o que ganan poco dinero. También intentan cambiar a sus parejas si creen que son mejores que ellos. La intención de anular al otro, vía el ejercicio del poder, opera en ambos sentidos aunque con obvias diferencias estadísticas.

Aldo acaba de descubrir que es un hombre femenino al que siempre le gustaron las mujeres. Tiene muchas amigas y sus amigos son como él: no es infiel sexualmente, bebe poco, habla suavemente, valora la empatía y la humildad, no es competitivo y le gusta leer, escribir y reflexionar. Después de años de cuestionárselo, logró sentirse muy orgulloso de ser un hombre femenino, gracias a que pudo romper las lealtades culturales, familiares y sociales, para construir su versión personal sobre cómo quiere ser hombre.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Se dedica a la consulta privada y a dar conferencias sobre bienestar emocional.

Twitter: @valevillag

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