Opinión

Este cabrón, ¿qué se cree?

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Volkswagen

El viernes escuché al dueño de una empresa, furioso, descalificar con palabras soeces a su director general. En una conversación agitada decía: “…Este cabrón, ¿qué se cree? Ya le dije que haga tal cosa… Además, no me contesta el teléfono… O, ¿no? ¿Tu qué piensas? El que paga, manda, ¿no?” Aparentemente su molestia era porque su director general no le hacía caso en alguna orden que él, como dueño, le había instruido.

Muchos empresarios mexicanos son como éste que escuché el viernes. Son patrones, son gentlemen, son caciques corporativos. Sus deseos deben cumplirse, es lo lógico, por eso son los dueños y por ello les pagan a sus empleados, que para eso están –aunque sus cargos sean directivos.

Pero en otras partes del mundo la realidad es distinta. Un caso ejemplar sobre cómo las cosas pueden ser sustancialmente diferentes para el dueño de una empresa lo hemos atestiguado esta semana con Volkswagen, la empresa automotriz alemana que durante los últimos meses ha exhibido los límites que llegan a tener los accionistas quienes, por más dueños que sean, respetan las posiciones y las decisiones que toman sus ejecutivos.

Ayer se supo que el sábado Ferdinand Piëch, presidente del consejo de VW, renunció a su cargo como resultado de las enormes diferencias que sostenía con el director general de la empresa, Martin Winterkorn.

Es decir, el dueño renuncia al cargo, y deja el camino libre a su director general. Todo mundo se enteró del escándalo que se avecinaba desde hace dos semanas, cuando Piëch declaró a un medio de comunicación alemán que estaba “distanciado” de Winterkorn. Algunos apostaban a la salida del director (esa sería la lógica del empresario que escuché la semana pasada); pero ocurrió exactamente lo contrario: quien se apartó fue el dueño.

Esta noticia fue ampliamente celebrada ayer. Las acciones de VW se dispararon más de 5.0 por ciento desde temprana hora. Reuters reportó que algunos analistas afirmaban que la salida de Piëch era una “buena noticia” para VW, ya que la compañía será “más rentable”. Asimismo, se refrenda la noción de que el señor Winterkorn permanecerá en su cargo al menos hasta 2016, cuando vence su contrato.

En el mundo desarrollado los directores de empresas son como los pilotos de los aviones: ellos mandan. Los dueños son simplemente eso: dueños; y tienen el mérito de haber fundado la empresa o de haberla cuidado si es que la heredaron. Pero no mandan siempre, aunque controlen las acciones y las asambleas.

Me pregunto cuánto más valdrían las empresas mexicanas y qué tanta mejor claridad estratégica y competitiva tendrían, si los dueños no trataran a sus directores como si fuesen unos imbéciles que deben cumplirles sus caprichos.

Twitter: @SOYCarlosMota

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