Opinión

Estancados

La principal queja con la administración actual es el mal desempeño económico. De ahí el descontento ha encontrado otras explicaciones, que ya platicaremos la próxima semana, pero el detonador, me parece, es el estancamiento, que luego se volvió contracción, al menos en una parte de la economía.

El origen del problema se conoce: al final de 2012 hubo un bache en nuestro principal cliente, Estados Unidos, y además inició el hundimiento de la construcción, producto del cambio de reglas en materia de vivienda y de un gasto menor en infraestructura en general, especialmente del gobierno. Pero estos golpes, que no son menores, dieron en una economía que ya venía cayendo. La inversión perdía ritmo desde inicios de 2012.

Durante 2013, concentrado el gobierno en el proceso de reformas y limitado por un presupuesto bajo (así lo acordaron al cierre de 2012), la inercia fue llevando a la economía del estancamiento a algo muy cercano a la recesión. La industria, de hecho, se contrae durante todo el año, y es gracias a los servicios que el total no cayó en números rojos.

Sin embargo, a partir de septiembre se percibe un cambio interesante: los servicios empiezan a decaer y la industria revierte su tendencia, sin llegar todavía a terreno positivo. En la suma, la economía a duras penas superó el cero.

Este lunes se publicó el índice global de actividad económica para el mes de enero. Como todos los indicadores, se puede leer de varias maneras. Yo enfatizaría que la industria presenta su mejor dato en toda la administración de Peña Nieto. Un miserable 0.8 por ciento de crecimiento, pero es el mejor dato. No sólo eso, sino que hay una tendencia clara de recuperación. La razón es que la construcción ya ha dejado de caer. No que se haya recuperado, porque está 8 por ciento debajo de su nivel máximo en julio de 2012. Los datos de comercio exterior están en línea con esta tendencia, aunque hoy mismo se publica febrero, y habrá que revisar.

Los servicios, en cambio, cumplen tres meses en el sótano, apenas arriba de 1 por ciento de crecimiento. Por eso la suma sigue siendo deprimente. La caída más seria aquí ocurre en los servicios profesionales, que en la administración de Peña Nieto han perdido 12 puntos de crecimiento. Se entiende que en ese sector haya una opinión aún más negativa del presidente.

De septiembre en adelante, me parece, el impacto de la reforma fiscal oscurece todo lo demás. A nadie le gusta pagar impuestos, y los mexicanos habíamos hecho de la evasión toda una forma de vida. Pero entre la reforma fiscal, la financiera y la ley de lavado de dinero, los espacios se redujeron mucho. Muchísimo. Y desde septiembre empiezan las dudas de qué hacer. Y ahora ya es claro que no hay muchos huecos, y que habrá que ordenarse. Por eso el enojo, por eso la caída en gastos, por eso el estancamiento.

En suma, parece que después de Semana Santa las cosas se empezarán a ver de otra manera. No creo que el presidente recupere popularidad rápidamente, ni creo que acaben las quejas y reclamos. Pero creo que la economía irá mostrando otra dinámica, y quien quiera aprovecharla, podrá hacerlo. Aunque se siga quejando.