Opinión

Estampas de un sistema corrompido

  
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Zebadua

El 7 de julio, a la hora del partido entre Alemania y Francia, dos camionetas Suburban con escoltas tipo Estado Mayor Presidencial se detuvieron en un restaurante de mariscos de la calle Hegel en Polanco. ¿Llegaba un secretario de Estado? ¿La procuradora? ¿Un ministro de la Corte? ¿Un gobernador? No, era un oficial mayor, el de la Sedatu, Emilio Zebadúa.

¿Por qué tenemos que pagar por el resguardo de un oficial mayor? ¿Por qué se tienen que gastar recursos públicos en dos camionetas y cuatro, cinco o seis… escoltas para cuidar a un funcionario en una de las zonas más vigiladas de la capital? ¿De qué o de quién cuidan a Zebadúa? ¿Será que en la Sedatu han afectado intereses de tal manera que resulta indispensable proteger así al oficial mayor?

Es altamente improbable que ese aparato de custodia sea en respuesta a una necesidad real. Nadie cree que la Sedatu ha resultado tan incómoda que su personal corre riesgos, ¿verdad?

Es más bien una estampa de un sistema corrompido.

Vayamos a otra.

El todavía gobernador (es un decir) de Quintana Roo, Roberto Borge, ha dispuesto que él y su familia tengan seguridad a cargo del erario por los próximos 15 años. La medida fue aprobada por los diputados del PRI (natural), PVEM (más que natural), Panal (ídem), PT (archinatural) y Movimiento Ciudadano (sí, el mismo partido que en San Lázaro se pronuncia en contra del fuero; ¿qué tal?).

Los detalles de ese paquetazo de protección para el goberín son (adivinaron) secretos. Es decir, los ciudadanos que pagarán por esa guaruriza no saben cuánto costará ese desfalco disfrazado de prestación.

Dada esa opacidad, pregunté a alguien familiarizado con esquemas de seguridad para políticos y particulares. Me detalló que un gobernador llega a tener (¿listos?) más de cien personas para su seguridad.

La distribución de ese organigrama es más o menos así: el jefe de ayudantía, tres coordinadores (de Seguridad, de Logística y Administrativo, éste con un puñado de asistentes); y unos noventa agentes de distinto perfil que vigilan y cuidan al mandatario. Un miniestadomayor, pues.

Pongamos que Borge se mide un poco (ajá) y que no intenta replicar como exgobernador un esquema como el descrito. Que lo deja en, digamos, la quinta parte. Si así fuera, el personaje que dejará en medio de escándalos la gubernatura quintanarroense gozará de la protección, con cargo al erario, de una veintena de escoltas. Nomás.

¿Cuál es el salario de un escolta? Depende. Hay de seis mil pesos al mes y hay de 50 mil al mes. ¿Les gusta que los 20 de Borge sean de 10 mil pesos mensuales promedio? En quince años, sólo en salarios se pagarían 36 millones de pesos. Y falta lo que cuestan las camionetas y su mantenimiento, y la gasolina, y los viáticos, y… ¡Ay, México, no te acabes, chingao!

Entre otras muchas formas, la corrupción se define, ha dicho María Amparo Casar en Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, como cualquier ventaja indebida que surge de ostentar un puesto público.

Y, digo yo, la corrupción no sólo es multifactorial sino multifacética. A veces viene en forma de camionetas y guaruras.

Es probable que Zebadúa no haya pedido esas dos camionetas, como también es improbable que haya hecho gestión alguna para que se las quitaran.

Si no hay presión ciudadana para que se quiten a exfuncionarios y funcionarios privilegios injustificables, si no hay funcionarios que renuncien a tan ilógicas canonjías, las ventajas indebidas, es decir la corrupción, seguirá alimentando el fuego del malestar social.

Que luego no se sorprendan.

Twitter: @SalCamarena

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