Opinión

¿Estamos construyendo un país más igualitario o más desigual? (I)

 
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Paseantes en la Alameda. (Cuartoscuro/Archivo)

Nuestro país es profundamente desigual. Lo es si analizamos la distribución del ingreso en los hogares, como lo hemos analizado en estas páginas; lo es también si analizamos las diferencias en las condiciones de vida en el campo y las ciudades, o la situación de los ocupados en el mercado formal y el informal, por mencionar tres ejemplos muy evidentes.

Lo mismo sucede si analizamos el país desde el punto de vista regional. Así, por ejemplo, la escolaridad promedio era de 9.1 años en 2015, con una diferencia de casi cuatro años entre la CDMX (11.1 años) y Chiapas (7.2 años); en la tasa de mortalidad materna, que se refiere a las defunciones por cada 100 mil nacidos vivos, el promedio nacional es de 34.6, con una diferencia muy marcada entre Querétaro que tiene el indicador más bajo (14.9) y Chiapas que tiene el indicador más desfavorable (68.5); los contrastes también se reflejan en la situación de las viviendas, donde el porcentaje de viviendas con agua entubada, de acuerdo a la Encuesta Intercensal 2015, era de 95.3 en Nuevo León y 39.8 en Oaxaca.

Lo anterior no es ninguna sorpresa. Frecuentemente se dice que existen varios Méxicos al interior de nuestro país. Lo importante es conocer si esas diferencias están disminuyendo y a qué velocidad. En este artículo analizó la parte económica y en el siguiente la parte social.

Para observar cambios en las desigualdades regionales tenemos que tomar las series más largas posibles. Si tomamos el Producto Interno Bruto por entidad federativa (sin petróleo) tenemos que conformarnos con una serie relativamente corta (2003 -2015), pero aún así se pueden hacer inferencias interesantes.

Tomando en cuenta el Producto Interno Bruto per cápita, podemos observar que el promedio en las cinco entidades con resultados más desfavorables ha crecido entre 2003 y 2015 en 13.4 por ciento en términos reales, con un cambio relevante: Zacatecas, que formaba parte de las cinco con menos PIB per cápita en 2003, dejó su lugar a Michoacán entre los estados con peores indicadores en 2015.

Por el contrario, si tomamos las cinco entidades federativas con mejores niveles de PIB per cápita en 2003, vemos que tuvieron entre ese año y 2015 un crecimiento de 27 por ciento en términos reales, con un cambio también relevante: sale Campeche y entra Querétaro entre los cinco primeros lugares, alcanzando el tercer lugar después de la CDMX y Nuevo León.

Lo anterior da elementos para sugerir que con base en el PIB per cápita éramos desiguales en 2003 y hoy estamos peor. El PIB per capita de los cinco más rezagados representaba en 2003 el 33.8 por ciento del de los más avanzados; para 2015 representa sólo 30.0 por ciento.

Los resultados no cambian mucho si tomamos las diez entidades federativas con menor y mayor PIB per cápita. Las primeras representaban 45.2 por ciento de las diez con mejores resultados en 2003 y en 2015 representan 41.2 por ciento.

Cuando se discutía el TLCAN se decía que si no se implementaban políticas públicas específicas de desarrollo regional el acuerdo comercial produciría mayores desigualdades regionales. Esto parece ser cierto en materia económica, aún cuando no podamos analizar todo el periodo. Somos un país más desigual que antes. Las diferencias no están disminuyendo, sino que se están ensanchando.

El autor es profesor asociado del CIDE.

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