Opinión

Estamos como estamos porque somos como somos (IX): sembradores en desiertos

Los contenidos que agrupa el título de esta columnas (ya en su novena  muestra) refieren a situaciones reales que se dan en México y que no debieran presentarse, pero explican en alguna manera el que nuestro país no crezca más o tenga mejores perspectivas de desarrollo en el contexto de la economía global que domina hoy el mundo.

El pasado miércoles se publicó en la edición impresa esta columna dando detalles a una empresa mexicana (Dos Ríos) que procura hacer posible en nuestro país una suerte de parque biotecnológico que ejerza distintas opciones de producción todas ellas vinculadas entre sí. Los responsables son Rafael y Gerardo Ríos (foto con Autor de la columna).

En el modelo de parque biotecnológico tienen esta perspectiva: de las excretas del ganado obtienen metano, del metano, que sirve para procesos de combustión se obtiene electricidad.

A partir de 3 cepas de organismos unicelulares mediante el sol y el CO2 consiguen polímeros orgánicos que tienen tres usos: o sirven para producir bioplásticos o acrílicos, o pueden producir alimento para ganado de muy alta especificidad proteica o bien se aplican para cosechar hortalizas orgánicas de muy alto rendimiento luego de que en los residuales se incorporen lombrices para la producción de humus de lombriz.

Todo de la excreta del ganado o de unos micro organismos unicelulares que se colocan en una suerte de criadero en los techos. Ello también permite la forestación o siembra de árboles en condiciones climatológicas extremas en la adversidad.

La empresa mexicana ha logrado conseguir que en AbuDabi, Atacama, Egipto e Israel se siembre y tengan éxito distintas cosechas, desde árboles cítricos hasta árboles de maderas preciosas como la Teka, Cedro y Caoba pasando por la siembra de olivos.

Todo ello en plenos terrenos desérticos, entre ellos, subrayamos e insistimos, Atacama, que es el desierto de más baja precipitación pluvial donde incluso la NASA realiza pruebas para equipos que van a ser usados posteriormente en misiones en Marte.

Pero a pesar de que esta empresa tenga todas las credenciales posibles para hacer plantaciones de recuperación de suelos mediante reforestación, las autoridades gubernamentales mexicanas se esmeran en complicarle las cosas, comenzando con aquellos funcionarios que afirman que “eso de haber sembrado en desiertos cítricos, olivos y maderas preciosas simplemente no es posible”, hasta el limitarles su deseo de sembrar determinadas especies de árboles en Durango en una superficie superior a las 4 mil hectáreas porque dicen que “si ustedes tienen un éxito en su intentona lo único que va a garantizar es ponernos en ridículo de lo mal que hemos hecho nuestro trabajo”.

Luego de sus éxitos en Israel, Abu Dabi, Atacama y Egipto los mexicanos decidieron iniciar un parque biotecnológico en Durango. Vendieron a Chinos patentes de sus bioplásticos y con más de 140 millones de pesos que obtuvieron por dos patentes vendidas compraron 4 mil metros cuadrados en zonas desérticas de Durango para colocar ahí su parque biotecnológico.

Están a 70 kilómetros de Torreón y 460 kilómetros del mar. Las autoridades ponen “peros” a su siembras bajo el argumento de que pueden “depredar las especies marinas” (¡ups! ¿Perdoooooon? Me perdí del “toque de mota”).

Y comenzaron los dolores de cabeza porque las autoridades no sólo no les creen lo que han hecho en el extranjero, sino también les regatean permisos.

Resulta que la deforestación en México entre el año 2000 y 2012 alcanza, según cifras oficiales, 2 millones de hectáreas de las que se han podido recuperar 600 mil hectáreas mediante esquemas o políticas de reforestación.

Es decir, en doce años las políticas oficiales han sido capaces de reponer el 30 por ciento de la superficie forestal que se ha perdido en el periodo.

Y si estos muchachos de Dos Ríos tienen éxito, lo que van a garantizar es que la política pública quede en ridículo por sus mediocres resultados.

Y para que la burocracia no quede en ridículo pues del permiso para sembrar 4 mil hectáreas en Durango sólo les facultaron la siembra de mil 89. No vayan a tener éxito y la quemadota que se dan en el Gobierno Federal.

“Si ustedes tienen éxito quedará evidenciado que nosotros no estamos invirtiendo bien en los proyectos”.

No pos sí… que “pinche quemadota..” ¿No creen?

Bueno… el caso es que mientras que estos mexicanos se están llevando “la soba” procurando tener en México un parque biotecnológico de sueño, que pudiera ser ejemplo mundial, en Texas el gobierno les ofrece no sólo el terreno y los recursos para iniciar la experiencia, sino también la nacionalidad para los socios de la empresa siempre y cuando los beneficios del proyecto tengan a Texas como su primera opción.

Por si esto fuera considerado como una excepción les informo que también un legislador de Washington, asombrado con lo que han logrado los mexicanos, les ofrece terrenos, financiamiento y residencia durante el tiempo necesario para conocer si el proyecto es viable y si lo es, les garantiza la nacionalidad estadounidense.

O sea…. ¿Cómo? En Estados Unidos sí les creen y en consecuencia les apoyan y en México se les frunce la voluntad?

No… me cae, como dicen los chavos “banda”. Estamos como estamos porque somos como somos, diría el clásico Filósofo de Güemes.

Para  contactar a la empresa en cel. 5511320850.


De tín marín…

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Eduardo Torreblanca flanqueado por Rafael y Gerardo Ríos. 

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Dos Rios.