Opinión

Estalla la primavera

Jorge Eugenio Castañeda

Con la partida de los últimos frentes fríos de la temporada invernal, se va dejando sentir la cercanía del cambio estacional y la temperatura ambiental comienza a subir en casi todo el territorio del país.

La sabiduría de la naturaleza se ve entonces reflejada en el lento pero continuo reverdecer de los árboles y plantas que tras haber lidiado con el otoño y el invierno comienzan a recuperar sus hojas y los capullos de las flores anuncian que la primavera se acerca intempestiva.

Para quienes habitamos en la muy noble y leal Ciudad de México, acostumbrados a vivir entre lo gris del asfalto, lo irrespirable de la contaminación y la tensión que supone el caos vial cotidiano, contemplar de repente el estallido de las jacarandas supone un espectáculo realmente único y digno de disfrutarse. La jacaranda es un árbol nativo de América del que existen más de cincuenta especies y que crece desde México hasta Brasil y Argentina pasando también por el Caribe. Sus flores son de un color azul violáceo intenso que surgen repentinamente cada año hacia fines de febrero y continúan floreciendo durante todo el mes de marzo. Las flores permanecen muy poco tiempo asidas a las ramas y caen con prontitud al suelo formando auténticas alfombras violetas sobre el pavimento. No faltan los capitalinos neuróticos a quienes este fenómeno natural les hace poca gracia cuando las flores caen sobre sus autos y los ensucian un poco. Sin embargo yo no cambio por nada estos días en que nuestra ciudad cobra un color diferente, que sin duda la alegra y le otorga un toque de distinción a pesar de la fealdad de la mayoría del resto del paisaje urbano.

La mayoría de los árboles de jacaranda que existen en la ciudad son árboles adultos plantados hace más de cincuenta años y da tristeza ver en ocasiones algunos de ellos enfermos de plagas o francamente descuidados. Debería existir un programa de conservación de estas bellas plantas ornamentales y declararlas patrimonio y símbolo de nuestra ciudad capital.

A la primavera le han escrito un sinnúmero de poetas y literatos. Representa sin duda el renacimiento de la naturaleza y la regeneración de la vida. Es época de creatividad y de optimismo. Las jacarandas debieran ser sin duda, el símbolo del comienzo de un nuevo ciclo.

Todos los días escuchamos, hablamos, leemos y escribimos sobre todo lo malo que ocurre en el mundo, en nuestro país y en particular en nuestra ciudad. Son las calamidades, los accidentes y los hechos violentos, salpicados de frustrantes noticias en el ámbito económico las que colman la rutina cotidiana. Tenemos poca oportunidad de detenernos en temas que para muchos pueden sonar frívolos y superficiales como los cambios estacionales y la llegada de las flores, pero si no lo hacemos de vez en cuando, estaremos condenados al endurecimiento del corazón y a la frialdad de nuestras emociones.

No todo en la vida son aprensiones de narcotraficantes como El Chapo Guzmán, ni la falta de crecimiento económico, la inflación, la rebeldía de las autodefensas ni los secuestros y extorsiones que van a la alza. Aquí nos vemos, yo voy derecho…