Opinión

Estados Unidos: Elecciones y tratados comerciales

 
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Debate entre Clinton y Trump. (Reuters)

En ciencias sociales, a diferencia de las ciencias físicas, no existen verdades absolutas. Cuando cambian los contextos las teorías precisan adaptarse. Como explico en un ensayo que circula en la revista Letras Libres de octubre (No. 214), del que esta columna es un extracto, los contextos han cambiado y mucho. Hace veinticinco años, cuando se negoció el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), hubiera sido una locura sugerir que las tasas de interés de los países desarrollados estarían alrededor del cero, o que el déficit acumulado por los países desarrollados estaría en niveles tercermundistas.

Por muchos años, el discurso producido en los laboratorios económicos y traducido por los políticos, vendió las bondades de la globalización: disminuir la desigualdad y una economía mundial robustecida. Pero las promesas no se materializaron. La desigualdad ha crecido. Los salarios, principalmente en los países desarrollados, se estancaron o disminuyeron. En Estados Unidos el ingreso medio real de las familias se encuentra a niveles de 1989.

Muchos trabajadores ven que el mundo de la globalización financiera y tecnológica no tiene espacio para su escasa formación y muchas familias de las clases medias no han encontrado cumplidas sus expectativas. El desencanto y enojo alimentaron entonces las ideas nacionalistas y aislacionistas. Así llegamos al Brexit en el Reino Unido y a Donald Trump en Estados Unidos (EU).

Trump junto con Bernie Sanders, han propuesto renegociar los términos de los tratados de libre comercio y las condiciones en que se celebren los acuerdos futuros. Hillary se ha sumado a esa idea.

¿Por qué es esto? Porque los supuestos bajo los que se negociaron buena parte de esos acuerdos ya no existen.

Hoy si un país manipula su moneda devaluándola, le impone un arancel indirecto al otro, a la vez que abarata sus productos pudiendo exportar más. Esto justificaría a Trump o a Hillary a promover cambios para restituir aranceles por un tiempo.

Otra posibilidad es que los productos de las naciones coticen con base en una canasta de monedas y no sólo sobre una, como el dólar, es decir, una especie de Derechos Especiales de Giro. Si se optase por este método, se tendría claridad sobre la competitividad real comparada de cada nación.

EU requiere cambios estructurales. De acuerdo al Competitiveness Index, la productividad está prácticamente estancada, su infraestructura es la undécima en el mundo, su sistema educativo se ha venido deteriorando, su déficit de balanza comercial viene creciendo de manera importante y su deuda como porcentaje del PIB ha pasado el 100 por ciento. Todos en México leemos a diario críticas sobre el incremento de la deuda respecto al PIB.

Existen estudios (Trading Places 9 /3 /16) tanto del MIT como del Economic Policy de Washington, que concluyen que desde que China fue aceptada en la Organización Mundial de Comercio se han eliminado alrededor de 2.4 millones de empleos en EU. Esto se debe a que el déficit comercial con China creció de 80 mil millones a 370 mil millones de dólares.

Con cada tratado comercial que EU ha firmado, el déficit comercial ha aumentado. Por ejemplo, con Corea el déficit comercial de Estados Unidos pasó de 13 mil millones a 28 mil millones de dólares. En el caso del TLCAN, Estados Unidos pasó de un superávit de mil 350 millones en 1994 a un déficit de más de 58 mil millones de dólares en 2015. ¿Qué estarían diciendo prensa y analistas mexicanos de haber sido al revés?

A nivel micro la economía se adapta rápido, pero a nivel macro las decisiones son de gran envergadura, toman tiempo y pueden tener impactos imprevisibles.

¿Qué lado de la ecuación elegirá un presidente con presiones sobre la competitividad y el empleo: el de las bases electorales enojadas o el de los vecinos del mundo que no tienen el mismo pasaporte que esos votantes?

Opine usted: rogozinski@mitosymentadas.com

Twitter: @JaqueRogozinski

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