Opinión

Estado y riqueza

   
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Dinero

Si alguien puede controlar un mercado, va a abusar de los demás. Desde que empezamos a vivir en sociedad (hace 15 mil años, más o menos), ha habido quienes lo logran. Hasta hace 500 años, eso ocurría siempre al amparo del Estado/religión, que eran inseparables. Había una fuente sobrenatural de legitimidad (poder persuasivo) que amparaba a personas que controlaban el Estado (poder coercitivo) para hacerse ricos (poder económico).

Aunque hubo varios intentos de romper esto, sólo se logró de forma más o menos permanente después de la invención de la imprenta, que permitió una ruptura de la fuente de legitimidad (la religión), reduciendo con ello el poder coercitivo del Estado y abriendo el espacio para que las personas pudieran acumular riqueza sin que el Estado/religión se las quitara. Pero no crea usted que eso ocurrió de la noche a la mañana. Los primeros que lo intentaron fueron los holandeses, que tuvieron que pelear con España para defender esa nueva idea. Ochenta años tardaron, y su guerra terminó de forma simultánea con la gran guerra religiosa, conocida como la Guerra de los Treinta Años. La legitimidad religiosa fue borrada con la invención de las naciones, en el tratado de Westphalia, en 1648.

No terminó ahí el pleito, aunque los holandeses sí lograron “independizarse” y construir una nueva forma de gobierno, que exportaron a Inglaterra en 1688, donde se consolidó durante los siguientes años, permitiendo a ese país (entre otros elementos) convertirse en la cuna de la economía moderna. En la Europa continental se fue creando un híbrido entre los dos sistemas, que es lo que evolucionó para convertirse en el capitalismo de cuates (crony capitalism). En la versión de aquella época es conocido como mercantilismo.

Pero el que desde el mismo Estado no se controlara la producción de riqueza no significa que no hubiera una gran asimetría en el mercado. Los que inventaron las máquinas, y tenían los contactos con clientes y proveedores, no llegaban al mercado de trabajo en las mismas condiciones que quienes acababan de abandonar su tierrita y se movían a la ciudad. Y cuando en un mercado no hay igualdad de condiciones, ya lo dijimos, el fuerte abusa del débil. Más cuando esos fuertes, acumulando riqueza, empezaron a invadir el Estado, y a través de él consolidaron su fortaleza con leyes a modo.

Muy pronto las cosas empezaron a cambiar, conforme los trabajadores se organizaron para equilibrar la fuerza de los industriales, y para también invadir al Estado. Para mediados del siglo XIX, la balanza se empezó a equilibrar, y para fines de ese siglo, ampliada ya la franquicia electoral a todos los hombres adultos, fueron los trabajadores los que tuvieron un mayor peso. El Estado se hizo “de bienestar”, con amplios beneficios para los trabajadores, pero también con crecientes dificultades en los mercados, que creo que ahora son bastante evidentes.

Este poder del Estado, utilizado por los agentes económicos, distorsiona el mercado y hace que algunos ganen mucho más de lo que deberían, a costa de que otros ganen menos. Eso es lo que no hemos encontrado cómo resolver. Por un tiempo se pensó que la fuerza de los trabajadores organizados era la solución, pero creó un nuevo problema: burocracias que también extraen recursos. Y en algunas partes (como en América Latina), se usó para construir redes clientelares. Hace 40 años esto llegó a extremos tales que provocó una reacción política en los países desarrollados, y se intentó reducir el tamaño de gobiernos y sindicatos. Algo resolvió, pero parece provocar más desigualdad en algunos países (anglosajones, especialmente). De aquí hay quien concluye que hay que crecer nuevamente al Estado, pero eso sería regresar al problema previo. Hay que pensar un poco más.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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