Opinión

Estado gruyere

1
    

    

Cientos de uniformados de la policía federal y capitalina se han apostado sobre la vialidad para liberar el paso que fue bloqueado desde el mediodía por los profesores que participan en su tercera jornada de manifestaciones. (Cuartoscuro(

José Mujica señaló, a propósito de los 43 normalistas desaparecidos, que en México había una especie de Estado fallido y que la corrupción corroía al sistema político.

La declaración fue calificada como inadmisible por el gobierno mexicano y, posteriormente, el presidente de Uruguay rectificó. Pero a raíz de todo lo que ha seguido ocurriendo, vale retomar el punto.

Según el Fondo por la Paz, un Estado fallido se define: 1) por la pérdida de control físico del territorio; 2) por la erosión de la autoridad legítima en la toma de decisiones; 3) por la incapacidad para suministrar servicios básicos; 4) por la incapacidad para interactuar con otros estados, como miembro pleno de la comunidad internacional.

De las cuatro características enunciadas, sólo la cuarta está ausente en el caso mexicano. Las otras tres no son completamente definitorias, es decir, no sirven para tipificar al Estado como fallido, pero sin duda están presentes, en algún grado, y en ciertas regiones son muy acusadas.

1) El Estado no ha perdido el control del territorio nacional o, parafraseando a Weber, el monopolio de la violencia física legítima. Pero es un hecho que, en entidades como Tamaulipas y Guerrero, sí se puede hablar de espacios que no están bajo control de la autoridad local ni federal.

2) La erosión de la autoridad legitima en la toma de decisiones se puede constatar en los estados y los municipios donde la delincuencia organizada somete o presiona a cabildos y gobiernos locales. Los casos de Iguala, Guerrero, y el gobierno de Fausto Vallejo, en Michoacán, lo ejemplifican cabalmente.

La incapacidad del Estado de aplicar la ley también se constata en la “tolerancia” de movimientos violentos e ilegales. En 2013 la CNTE desquició durante meses la ciudad de México sin que las autoridades movieran un dedo. Y en días pasados, los maestros repitieron su show, obtuvieron satisfacción de todas sus demandas y anunciaron que regresarán en mayo. Como correlato de esa incapacidad, el gobierno federal ha capitulado, una y otra vez, cediendo ante exigencias que no sólo violan la ley sino contribuyen a sepultar la reforma educativa.

3) La incapacidad de proporcionar los servicios básicos en México tiene muchas aristas. Me referiré a las más importantes. La tarea fundamental de un Estado, cualquiera que sea, es preservar la paz y la seguridad de los ciudadanos.

El déficit en esta materia está a la vista; no necesita demostración. Mientras en la Constitución están inscritos los derechos a la vivienda, la salud, la vida digna y casi la felicidad, en la práctica la gente no tiene seguridad para sus personas ni para su patrimonio.

La segunda obligación de todo Estado: garantizar el acceso a la justicia en forma universal y expedita, es letra muerta. La impunidad del 98 o 99 por ciento de los delitos que se cometen habla por sí sola. A lo que se suma una justicia clasista. Las cárceles están atestadas de primodelincuentes que robaron dos mil pesos o menos, y de jóvenes que fueron detenidos por traer un cigarro de mariguana.

La otra cara de esa medalla es la impunidad. Acceder a la justicia cuesta, pero además se puede comprar un fallo o un proceso. En ese aquelarre, la impunidad de la clase política se cuece aparte. El caso de Marcelo Ebrard es escandaloso. Después de ser el responsable del desastre de la Línea 12 en la ciudad de México, con un costo de 47 mil millones de pesos, fue exonerado por razones políticas mediante un pacto entre PRD, PAN y PRI.

Es evidente, pues, que en México no se puede hablar de un Estado que se apega plenamente a derecho ni cumple con sus responsabilidades y obligaciones fundamentales. Pero también es cierto que no es un Estado fallido.

Estamos ante un híbrido que se puede definir como Estado débil, altamente poroso, o –para utilizar la alegoría de Pierre Salama, profesor de la Universidad de París– como Estado gruyere.
Reconocer esa realidad tiene relevancia para fijar las prioridades de un gobierno que ha subestimado la inseguridad, la violencia, la corrupción y la impunidad. Allí están las tareas urgentes y fundamentales para lo que resta del sexenio.

También te puede interesar:
El viraje
Los 43
​Perspectivas 2015