Opinión

Estado del tiempo

 
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Cocula.

Como Gamés no tiene conceptos de concreto armado para explicar el puchero de la vida económica mexicana, sólo se le ocurren frases dramáticas de sobremesa, sobremusa y sobremisa: “esto es dantesco”, “mira por dónde”, “quién lo diría”, “Dios nos proteja”. La primera plana de su periódico EL FINANCIERO cimbró a Gil: “Vuela el dólar y crudo se desploma”. La información: la moneda mexicana cayó 1.35 ante el dólar, que cerró en 17.3, acercándose al máximo histórico de 17.48 (…).

El fracaso de la OPEP para recortar producción y un sondeo de inventarios de Estados Unidos provocaron que los precios de los crudos internacionales se desplomaran. La mezcla mexicana no fue la excepción. Cayó 6.7 por ciento, equivalente a 2.15 dólares. No somos nada, nuestro postróleo vale poco y nuestro peso se devalúa. Si Gilga fuera economista no sabría con tanta claridad que el año que subirá el telón en 2016 mostrará un escenario en llamas. ¿Exagera Gil? Lo veremos. Peso devaluado, postróleo barato, presupuesto ajustado, rebatinga electoral, desajustes internacionales, inverecundia nacional.

Como cualquier economista que ha cursado posgrado (ado-ado) en Harvard sabe, la inverecundia es una enfermedad financiera que ocurre cuando todo empieza a salir mal, de ahí el significado: economistas inverecundos, ¿estamos? La verdad sea dicha (muletilla pagada por Liópez y Morena), Gamés puede subastar una cantidad interesante de dólares, pero Gilga no les va a sacar al buey de la barranca, nomás faltaba.

Niebla
El Grupo de Expertos de la Comisión Internacional de Derechos Humanos presentó a México y el mundo sus avances en la investigación sobre los desaparecidos de Iguala. De acuerdo a estudios meteorológicos, el 26 y 27 de septiembre de 2014 no hubo incendio alguno en el basurero de Cocula. Además, esa noche llovió en la zona.

Con esta prueba, los investigadores independientes han arrastrado por los suelos de la vergüenza a “la verdad histórica”.

A Gamés le parece que la tragedia se convierte poco a poco, pero sin pausa, en un colosal teatro del absurdo. ¿Y si esa noche debido a las lluvias los cielos hubiesen estado nublados, qué se vería desde el satélite? A estas alturas, Gilga no defiende posición alguna, más bien se le ponen los pelos de punta. La investigación como estado del tiempo, sólo falta la muchacha guapa que explique delante de un mapa de la república: nubosidades sobre Iguala impiden ver la casa del alcalde Abarca. Si va usted a Cocula, lleve paraguas, suéter y una mascarilla porque entre las nubosidades habrá mucho humo. No olvide: lluvias, humo y vientos fríos en Cocula.

Los presos
Caracho, no somos nada. Gil pregunta: si no hubo incendio en Cocula, ¿liberamos a los presos confesos del crimen? Quizá sí, para cerrar con brocha de oro (sí, brocha) esta obra magna de la locura. Ángela Buitrago, integrante del grupo de los investigadores independientes aclaró que el “argumento satelital” no provoca la liberación de los responsables confesos pues el tema de la desaparición sí está demostrado.

Dirán misa los integrantes del grupo de expertos, pero lo mejor sería dejar en libertad a Sidronio, a Gil y a los ciento y tantos detenidos, personas finísimas y muy probablemente detenidas de manera injusta.

Borrón y cuenta nueva, total, qué tanto es tantito. Veámoslo con calma: los expertos han advertido de que los exámenes para determinar si los presuntos culpables fueron torturados tardarán entre cinco y seis meses. Lo dicho: ¡Sidronio! ¡A la reja con todo y chivas!

Fin de año
Gilga acusa fatiga de metal y de papel. Se acerca el puente Guadalupe-Reyes y con él Las Posadas, la Navidad, el Año Nuevo. Gil nunca da consejos, pero hará una excepción: no ahorren, péguenle al aguinaldo.

Compren mercancías inútiles, llenen su despensa de alimentos chatarra, adquieran cajas de Noche Buena, mucho embutido (no hagan caso, nada pasa), bastante romero guisado con mucho aceite, bacalao a la mexicana (sí, existe tal cosa). Ahora mal: si se encuentran en la televisión Mi pobre angelito, no le cambien al canal, comprendan que se trata de una gran película. Y desde luego, nadie debe perderse Rudolph, el reno de la nariz roja. Es la historia del reno que ayudó mucho a Santaclós para que el gordo de rojo entregara sus regalos.

Preciosa película. En el amplísimo estudio se oyó un lamento desgarrador: ay, mis hijoos navideños.

La máxima de Henry Miller espetó dentro del ático de las frases célebres: “Confusión es una palabra que hemos inventado para algo que aún no se entiende”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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